LLEI D'ART 5
51 permite la comparación “esto es tal cosa”, que supone, como dijo Aristóteles, un conocimiento imposible si no es que ese objeto es convertido en figura. Esto también repercute en el gozo que surge cuando se contemplan las cosas de forma nueva. Un gozo aportado no por la “cosa” en sí sino por la figura, que es un mundo inédi- to que afecta a la sensibilidad. Pero hemos de tener en cuenta un aspecto importante, y es que las figuras impiden una relación directa entre sujeto y objeto en el conocimiento representativo o icónico. Pongamos un ejemplo: las alianzas, que son un objeto de uso común. Aunque todos podemos llevar anillos, las alianzas tie- nen un significado a nivel global. Si llevas una alianza, como mínimo significa que estás o has estado casado o casada. El hecho de llevarla o no, conlleva diferen- cias sociales. Ese sencillo objeto pasa a ser “figura” por el significado que tiene. Así pues, una figura es un objeto con un valor significativo adherido. El espejo de Narciso . El mito de Narciso varía según el orador, pero escribimos aquí un breve resumen de la más común de las versiones, para que quien no la conozca pueda entender su relación con el tema que nos ocupa. Según este mito, tanto muchachas como muchachos se enamoraban de Narciso a causa de su belleza, pero él rechazaba sus insinuaciones. Entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera, y por ello ésta la había conde- nado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Eco fue, por tanto, incapaz de hablarle a Narciso de su amor, pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando él preguntó “¿Hay alguien aquí?”, Eco respon- dió alegremente: “Aquí, aquí”. Incapaz de verla, oculta entre los árboles, Narciso le gritó: “¡Ven!”. Después de responder: “Ven, ven”, Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz. Para castigar a Narciso, Némesis, la diosa de la ven- ganza, hizo que se enamorara de su propia imagen re- flejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una bonita flor, que hizo honor al nombre y a la memoria de Narciso. Trataremos el problema de la representación en la his- toria de Narciso desde dos perspectivas: una desde el punto de vista de la representación, la de Narciso buscándose en su imagen, y otra centrándose en la presencia que sostiene la representación y que que- da oculta en la representación misma. En cuanto a la primera forma de relación de Narciso con su imagen, es decir, en el primer nivel de análisis del mito, se po- dría plantear toda la problemática de la representación como reflejo, como copia, como engaño, como mime- sis de la realidad. Tenemos una adherencia a la imagen como si se tratase de otro ser humano. Un claro ejem- plo estaría en la infinita lista de diferencias entre un sujeto cualquiera y su retrato, ¿acaso el sujeto es plano y en vez de ser de carne y hueso, lo conforman tela y óleo? Lo único que relaciona al retrato con el sujeto es la apariencia. Estaríamos ante una forma del nivel trágico del “conócete a ti mismo” de Massimo Cacciari, filósofo italiano contemporáneo que, en un artículo titu- lado “Narciso o de la pintura”, desarrolla esta interpre- tación, y trabaja esta lucha entre lo real y la imagen. Él argumenta el desagravio del acto de Narciso de buscar lo verdadero en el espejo (la apariencia) y no en lo real (él mismo). La otra posibilidad de interpretación hace referencia a que la representación no sólo es reflejo de un objeto sino que intenta atrapar la presencia del sujeto que mira. A medida que lo representado se hace presente, se va a reflejar este sujeto de la mirada. Aquí no sólo la imagen es reflejo, sino que trae la mirada que la afianza. En la imagen de Narciso ante el espejo, ante la fuente, no tenemos dos términos, sino tres: el objeto o Narciso, la representación, y la mirada que estable- ce el lazo entre ambos. La imagen que se constituye ahí encierra tres términos, y no dos. No se trata del objeto y su representación sino del objeto, su reflejo, y la mirada que se encuentra reflejada también en esa representación. Sin intención de profundizar en el tema, debemos dejar entreabierta una puerta respecto al tema expuesto, y es el hecho de la existencia de otra representación pre- sente en el cuadro de Narciso (no en el mito), donde se refleja la mirada del que observa a Narciso mirando su reflejo, es decir, la mirada del narrador, del pintor, del observador del cuadro. Así pues, el cuadro de Narciso mirándose a sí mismo representa también la mirada del que observa a Narciso en la fuente, del que relata, pin- ta la escena o, simplemente, la observa. Factores relacionados con la representación Percepción . El momento de la recepción de la repre- sentación u obra de arte es fundamental. Miramos a diario el mundo que nos rodea sin verlo. Hay que te- ner en cuenta que nuestra percepción estética mues- tra una variedad mucho mayor y pertenece a un orden mucho más complejo que nuestra percepción sensible ordinaria. Es el momento en el cual el espectador es un elemento activo que hace una reinterpretación de la obra. Para Gadamer, el individuo entra en la obra de tal modo que, al intentar comprender a ésta, se compren- de a sí mismo. Respecto a este tema, debemos tener en cuenta que la naturaleza del espectador también in- fluye en la recepción, ya que no es lo mismo que una obra sea vista por un anciano europeo, que por un niño oriental, en primer lugar por las diferencias que com- porta la edad, y en segundo por su formación cultural. La fenomenología, ciencia que estudia los fenómenos físicos o psíquicos, en su origen y en sus manifestacio- nes en tiempo y espacio, mantiene que, aunque la per- cepción cotidiana sea representativa, es posible perci- bir el mundo en su mera presencial, en la sensación. La estética fenomenológica identifica imagen mental e imagen estética como la evidencia inmediata de la imagen. Aunque no todas las imágenes, creadas o no, escapan de la convencionalidad, más bien al contrario. Entienden así la imagen como conciencia. Ahora bien,
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