LLEI D'ART 5
55 las imágenes del mundo son la base del simbolismo en la representación. En cuanto al icono, llamamos así a la fijación de la re- presentación que se lleva a cabo gráfica o plásticamen- te y lo es porque reconocemos al objeto percibido. Esto es, que se parece estéticamente. Sin embargo, hay dos teorías que dificultan el establecer ese parecido. El primer inconveniente nos lo plantea Goodman, que nos propone que no es posible la semejanza icónica porque antes hay una semejanza en la representación perceptiva. Deberíamos establecer el parecido icónico en el objeto, no en la figura, ya que la semejanza en- tonces no es real. Para ello, sólo hacen falta unos po- cos rasgos relevantes para el reconocimiento, y esa es la finalidad del icono que representa al singular. Como segundo inconveniente, Gombrich, bajo el punto de vista histórico, nos plantea que antiguamente se con- sideraban semejanzas que actualmente no podríamos aceptar como tales. Un ejemplo de estos problemas podría ser el confundir una imagen divina con algo divi- no. Kandinsky fue uno de los primeros en descubrir en la no figuración, nuevas posibilidades de lectura para el símbolo en la experiencia estética y, gracias a ello, la abstracción fue abriéndose paso hacia lo abstracto. La obra de arte se liberó entonces de las referencias ajenas a sí misma. Expresión. A menudo, el término “representación” se enfrenta al de “expresión”, aunque, comúnmente, se considera que el primero procede del exterior, mientras que el segundo radica en el interior. La representación intenta plasmar o imitar, de manera más o menos mi- mética, el mundo físico que nos rodea, mientras que la expresión es el lenguaje más propio del alma, que pretende plasmar la interioridad emocional, intelectual o espiritual del sujeto. Así pues, podríamos conside- rar la expresión como un tipo de “representación” de la subjetividad del creador. También podríamos entender la expresión como un discurso al que hay que ajustar al mensaje tomando “actos sensibles” y dándoles sen- tido mediante lo que llamamos “actos de dar sentido”. Si se establece una distinción entre representación y expresión: a través de la primera, la obra se vincula con la realidad externa a la obra; con la segunda, la obra queda vinculada al mundo interior, a la subjetivi- dad íntima del artista, por lo que la evocación de las vivencias íntimas del autor que provocaron la obra, es lo que dará sentido a las cualidades objetivas de dicha obra. Con este planteamiento expresionista, se define el estilo como la expresión de la personalidad del artis- ta, y el arte se incluye en el orden de los sentimientos, contrapuesto al orden lógico-discursivo, y que exige que estos sentimientos hayan sido efectivamente vivi- dos por el autor. Atendiendo a las propiedades expresivas de los obje- tos o de la conducta, se participa de un supuesto co- mún: existe alguna vinculación entre el proceso creati- vo (la actividad y actitud del autor) y la obra expresiva (lo que esa obra expresa), con lo que se está próximo al planteamiento psicológico que remite al sentido de una obra a su génesis psicológica o que, finalmente, reduce su significado a la vivencia que la promueve, al mundo interior o a la subjetividad biográfica del artista. Esto último se enfrenta a una objeción fundamental: con esa reducción, el significado de la obra se sitúa en algo distinto a ella, o sea, se lo retrotrae a un principio externo y anterior a ella misma, por lo cual es el autor el que se explica desde y por la obra, y no al revés. Pero la cuestión básica es la de si existe una vinculación no contingente entre la obra expresiva y el acto de expre- sión realizado por el creador, en cuyo caso afirmativo se concluiría que la lógica constructiva de la obra y, sobre todo, su significado, son asimilables, identifica- bles y reductibles a la actividad biográfica (sentimiento, vivencia, personalidad...) del autor. Basándose, entre otros argumentos, en la distinción entre representación y expresión antes mencionada, y del mismo modo que sucede con la expresión natural, en la expresión artís- tica, el signo expresivo participa y se apropia de lo que expresa, que es la subjetividad del artista. Otra línea de trabajo es la obra expresiva: algunas teo- rías explican las propiedades expresivas de una obra exclusivamente por su constitución y características objetivas, sin recurrir a la actividad autoexpresiva del creador, y añaden la noción de “acto artístico” en al- gunos casos en los que las cualidades expresivas de una obra tienen su origen ocasional en la experiencia Titulo de inspiración musical. Gran pasión del autor y de su conexión con la ex- presión plástica. Primera obra en gran formato que plasma la representación de su teoría artística –“de lo espiritual en el arte”-. También llamada la batalla, Kan- dinsky es fiel a su disertación teórica y muestra la expresión de la forma y el co- lor en la pintura que representó el inicio de una nueva corriente. La abstracción lírica. Representa las inquietudes del artista frente la situación que se vive en Europa en los prolegómenos de la primera guerra mundial. Tensiones sociales, pérdida de valores espirituales, excesivo materialismo y decadencia ideológica. El análisis de la obra obliga a la percepción del color como símbolo y la forma como contenido. La mezcla de azules en el centro y rojos a su alrededor con gran cantidad de líneas y formas sugerentes de animación conforman una com- posición con manifiesta acción. El componente espiritual es evidente en su con- junto y en cada una de las partes por la conjunción de las formas y los colores. El color se trasforma en psíquico y representa un valor en cada fragmento, una nota en cada tono y una sinfonía del total. Conecta con el espectador a través de las formas que representan una comunicación interna siguiendo el “principio de necesidad interior” preconizado por el autor. A pesar de que la obra y la teoría que la respalda han cumplido un siglo, el tema y la comunicación de la obra son intemporales. La abstracción de lo esencial (concreto) es una lucha constante que marcó una inflexión en el mundo de las artes, siendo Kandinsky su gran impulsor. Vasily Kandinsky. Composición 4 (1911). Kunstsammlung Nordrhein Westfalen (Düsseldorf, Alemania).
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