LLEI D'ART 5

56 LLEI D’ART efectivamente vivida por el autor. La objeción a esas teorías es que aun en tales casos, el conocimiento o la descripción de la experiencia biográfica no permite explicar, ni la complejidad del proceso creativo en el que se produce esa obra artística expresiva, ni en qué consiste la expresividad de esa obra. Hay que distin- guir, respecto a lo primero, entre autoexpresión y pro- ducción de obra expresiva, y respecto a lo segundo, entre proceso de creación (cómo se ha producido una obra expresiva) y propiedades expresivas, que son las que hacen ser expresiva a una obra. Siguiendo esta tendencia, la Teoría Clásica de la Ex- presión sostiene que existe necesariamente una vin- culación entre la obra expresiva y el acto o proceso de expresión, aunque analíticamente distinga la actividad expresiva del artista y el resultado de esta actividad (la obra de arte). Lo que la obra expresa es el sentimiento, el estado de ánimo, etc., de quien la produjo. Pero esta Teoría se enfrenta a dos fuertes objeciones. La primera es que los artistas no siempre experimentan durante su creación los mismos sentimientos que expresan en sus obras; y la segunda es que la expresividad de la obra se convierte en un aspecto puramente externo a ella, de forma que se retrotrae a la biografía del artista. Esta teoría reformula así algunos de sus principios, y defiende que las cualidades humanas (sosiego, ironía, quietud, etc.) que se predican de una obra, son algunos aspectos de características que la obra comparte con las cosas naturales, pero que en otros lo son en virtud de los “actos artísticos” de los que resulta tal obra -lo que el artista hace en ella, a ella queda ligado para siempre: ver, observar, pintar, retratar, etc., a diferen- cia de otros actos como cincelar el mármol, revisar un manuscrito, etc., que quedan separados del producto final. El “acto artístico” describe, pues, tanto a la obra como al artista. Aparte de esto, en el momento de la realización de la obra de arte el artista debe mantener una sincronía en- tre la temática y el medio expresivo, para así garantizar la armonía y expresividad. Respecto a los medios ex- presivos, hay que tener en cuenta que cada uno tiene sus particularidades y que, por lo tanto, cada uno tiene una serie de objetos estipulados a los que puede imi- tar. Existe la posibilidad de compaginar en una misma obra diversos medios expresivos, siempre y cuando se establezca una jerarquía entre ellos. En un cuadro, los colores, la textura y la composición, ayudan a expresar las emociones, permitiendo que éstas persistan en el tiempo. Sin embargo, su interpretación es más dificul- tosa que la de un texto pues éste usa simbología com- partida mucho más explícita: la lengua. Así pues, po- demos decir que cada medio tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y es el artista quien debe saber elegir cual es la mejor manera de llevar a cabo un proyecto. Tal y como hemos visto al principio, del mismo modo que en el expresionismo hay quien defiende que en un proyecto de arte anida la subjetividad del artista, ésta puede ser una concepción errónea puesto que si el contexto social marca la obra de arte y al artista, por más subjetividad que éste exprese, la misma es deter- minada por el horizonte social, y no hay posibilidad de plasmar la subjetividad en esencia. El trampantojo, también llamado trompe l’œil , es una técnica pictórica que tiene la finalidad de engañar al ojo Para el ser humano es una necesidad fundamental el poder plasmar y dejar patentes grandes acontecimientos, tanto personales como históricos, no sólo para que el espectador acceda a ese sentimiento transmitido, sino también, como herramienta social. El Guernica es una muestra evidente de esta relación recíproca entre contexto social y obra, en la que un acontecimiento social y cultural influencia y da lugar a una pieza artística, que a su vez pretende influir socialmente. Esta obra le fue encargada a Pablo Picasso por la República Española para explicar el bombardeo que hubo en la ciudad de Guernica y, además, para captar la atención del público hacia la causa republicana en plena Guerra Civil, a modo de “cartel” propagandístico. La representación y la expresión forman parte principal y casi exclusiva de la percepción que el espectador recibe al observar este monumental cuadro. Sin recurrir a un estilo en absoluto realista, el autor juega con la psicología humana y con diferentes elementos representativos y simbólicos que dan un estilo único a la obra, representando de forma excepcional la brutalidad y la desesperación sufridas en la guerra, características que han conseguido, que a lo largo de años, este cuadro siguiera usándose socialmente como un gran referente antibelicista. El espectador es uno de los medios que han utilizado los artistas a lo largo de la historia para poner a prueba la expresión de sus cuadros, del mismo modo en que han usado su arte para poner a prueba la percepción y la sensibilidad de los espectadores. Pablo Ruiz Picasso. Guernica (1937). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid, España). Inv.: DE00050.

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