LLEI D'ART 5
58 LLEI D’ART de la personalidad). - Todo artista, en relación con su época, puede expresar lo que le es propio de ésta (ele- mento del estilo, como valor interno, constituido por el lenguaje de ese momento histórico más el lenguaje de la nación). La sensibilidad colectiva, que es el concepto del hori- zonte social, el mundo que construimos con esos fe- nómenos relacionados significativamente. Toda obra artística requiere de un tiempo de contemplación por parte del espectador, que no es más que el tiempo necesario para agotar las significaciones que la obra propone. De ahí se deduce que un buen indicador de la aptitud del espectador para tal empresa sea el gra- do en que éste domine el código del mensaje, del que depende a su vez el grado de riqueza en su recepción. Cuando el mensaje excede la capacidad comprensiva del espectador, éste se ve desbordado y pierde el inte- rés en la obra y su mensaje. El sujeto percibe la obra como un objeto estético (por su símbolo exterior) y lo interpreta por lo que tienen en común. En este aspecto la obra funciona como significado. Además, el espec- tador, como receptor, debe estar informado de los sig- nificados de los símbolos creados y entendidos por el artista, y su interrelación con la sociedad. En la obra de arte hay dos momentos fundamentales: el de la producción y el de la recepción. Además, hay un tercero que funciona cono nexo. En la primera parte, la realización, el artista plasma su interioridad. Sin em- bargo, tal y como antes hemos comentando, es imposi- ble que el artista exprese toda su subjetividad, puesto que está determinada por la objetividad del entorno (horizonte social). En segundo lugar está el momento de la recepción, en el cual el espectador es un elemen- to activo que hace una reinterpretación de la obra. El tercero es la influencia de la sociedad en el arte, y a la inversa. En ese tercer factor es donde nos centraremos a continuación. A modo de inciso, hay que decir que todo conocimiento es reconocimiento, al igual que toda presentación es representación. El reconocimiento del objeto en la comunidad es lo que permite su legitima- ción, su aceptación en la comunidad. Hay dos factores que se interrelacionan para conse- guir esa legitimación de la representación: la primera es el sujeto, y la segunda es la comunidad en la que se disuelve el sujeto y la obra o representación, que se vuelve adecuada o inadecuada una vez realizado el proceso de recepción. Se deben encontrar nexos entre estos dos factores (la sensibilidad del que representa y el horizonte social en el que se configuran) para que este paso se lleve a cabo. De no ser así, la representa- ción no será adecuada y se perderá en el olvido. Pero hay otras formas de interacción entre horizonte social y artista. Se trata de cómo el artista es educado según unos signos culturales y unas experiencias vitales que marcan su obra y conforman todo un lenguaje pre-síg- nico. Esto también repercute en la interpretación de la obra. La expresión se renueva y modifica continuamen- te su significado según la cultura del contexto que la produce o que la percibe. Influencias del problema de la representación en el arte actual. Según Kuspit, lo sensible no se puede suspender ya que la obra se presenta a los sentidos (puesto que es algo que tan solo se puede percibir a través de los mis- mos). En contrapartida, algunos artistas representan la obra para la mente, hacia lo racional. Lo que importa es la idea y el mensaje. Mentalmente arte, físicamen- te no arte, la obra carece de detalles sensibles, por lo que el arte se empobrece y se convierte en un sencillo fenómeno cotidiano. El arte postmoderno es perver- samente entrópico (como ejemplo: los maestros de la apropiación). Señala el agotamiento de la creatividad, el abandono de la consciencia crítica y la fatiga de lo nuevo. El arte moderno fue vigorizado por un sentido de ruptura y del experimento que planteaba el estudio como un laboratorio. En cambio, el arte postmoderno representa las secuelas agotadas. La calle se convierte en estudio, renuncia a la soledad interior, a la reflexión previa a la representación (habita el espacio social sin convertirlo en espacio personal) y no le interesa la ex- perimentación, sino que presta más importancia a te- ner un público que les haga populares. Sus exponentes tenían como meta convertirse en artistas de los medios de comunicación, no en artistas vanguardistas. En el arte representacional moderno, el carácter entrópi- co de las emociones se hace evidente. La interpretación de la información no es el único enfoque posible para ver el arte, ni el único modo de producirlo. Podemos tratar lo que vemos como un ruido visual indeterminado y limitar su capacidad para ofrecernos significados, del mismo modo en que podemos quedarnos fascinados y absortos por lo que vemos, hasta el punto que va más allá del significado. Y es precisamente la exploración de estas áreas de finales abiertos a ambos lados del sig- nificado, y la comunicación simbólica, lo que ha hecho avanzar la historia del arte, generando buena parte de la distintiva complejidad y riqueza de esta particular tra- dición de habilidades y técnicas de representación. Se está perdiendo el conocimiento compartido de los sím- bolos entre pintor y espectador, con lo que el artista no puede estar seguro de comunicar las ideas represen- tadas. Este hecho da lugar a la búsqueda de un nuevo tipo de representación. La performance , por ejemplo, que es la forma dominan- te del post-arte, no tiene pretensiones estéticas ni am- biciones museísticas, y es más entretenida y atractiva, puesto que penetra en el espacio del espectador en vez de respetar una discreta distancia contemplativa, pero parece un entretenimiento de marcha lenta en compa- ración con los espectáculos populares, y tiende a ser más espectacular que enigmática. En la postmoderni- dad, la originalidad no es valorada y no se cree en ella. No creer en ella es como no creer en la creatividad. Esta falta de creencia implica la elevación de la copia no original por encima de lo originalmente creado. La reproducción suele malinterpretarse como representa- ción, pero es mecánica, mientras que la representación es imaginativa y expresiva. Amediados del siglo XX, el espectador es llamado a es- cena, tomando protagonismo en la ficción, aunque esto
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