LLEI D'ART 5

Una loa al honorable metal de la pluma de Antonio Díaz García 69 Antonio Díaz García (Tomelloso, 1949) presenta, en su más reciente colección escultórica, la contundencia de una obra profundamente visceral y comprometida, fruto de su gran pasión por el hierro y de años de trabajo arduo en busca de una trayectoria que le aportase la identidad y complicidad que siempre ha ansiado conseguir en cada una de sus pie- zas. Recrea con ímpetu y decisión toda la fortaleza que ema- na de sus entrañas en un portentoso intento de materializar todo lo que la expresión artística representa en su existencia. www.antoniodiazgarcia.com Eran tiempos de escasos juguetes, suplidos por el ingenio. De la mano del oficio, de ese al que supe aferrarme desde mi más tierna infancia, experimenté con el noble hierro, con ese al que llamábamos hierro sueco y que era muy moldeable, por ser tan pobre su contenido en carbono, y que se dejaba hacer, conformándose en martinetes de agua, ya que los de corrien- te eléctrica aún no existían y no había otra fuerza propulsora para accionarlos que el salto de agua. Poder unir los materiales en la fragua, sin otra acción que la del calor, me apasionaba. Parecía que las posibilidades eran ilimitadas. Comencé a trabajar piezas de gran tamaño con las que sentirme cómodo e intimar. Obras tensadas y atadas sin recurrir a ningún tipo de sol- dadura eléctrica o autógena. Los espacios huecos, los pasos de luz, se integran de este modo con el cuerpo de la propia escultura, abriendo posibilidades a diferentes lecturas. La robustez del metal parece aligerarse, recreando la ilusión de estar flotando en el aire. Las cargas y los esfuerzos se ponderan sobre cada punto, con el fin de alcanzar un nivel de elasticidad que me permita representar un volumen cimbreante. Las obras adoptan pues una configuración a modo de esculturas espaciales, formadas por barras sólidas y rígidas, de apariencia ciertamente elástica. A lo largo de su proceso de creación, la escultura se va defor- mando hasta alcanzar el equilibrio estático, la armonía fruto de las tensiones compensadas en cada uno de los nudos que la componen. Ardiente elemento procedente de las entrañas de la tierra, la tenacidad del noble hierro, cuar- to elemento más abundante de la corteza terrestre, se entrega a las manos del escultor con la docilidad de un niño. Maleable y fácilmente aleable con otros metales, custodia en su corazón una relativa fragilidad cuando es forzado hasta la incandescencia. En la penumbra que rodea la fragua, el artista del hierro lee su colorido para intuir su animosidad y extraer de su momen- tánea elasticidad la mayor de las expresiones. Antonio Díaz García Foto Carles Balsells. Foto: Carles Balsells. Sobre el hierro y otras sutilezas

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