LLEI D'ART 5
75 obra es El origen del mundo (1866), con la que tantas críticas obtuvo, para ser posteriormente la más admira- da. En escultura el erotismo brilló con luz propia gracias a un maestro e innovador François-Auguste-René Ro- din (París, 1840 - Meudon, 1917) y su principal aporta- ción a la esfera de Eros fueron varias versiones sobre el beso y los enamorados. En España, pocos fueron los que aprovecharon el tirón francés de las nuevas expresiones artísticas. A destacar un magnifico Mariano Fortuny (1838-74) con sus Oda- liscas (varias versiones) y su inacabada obra Carmen Bastian (1870). Otros españoles como Ramon Martí i Alsina (Barcelona, 1826-1894), Ramon Casas i Carbó (Barcelona, 1866-1932) o Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 - Cercedilla 1923) incorporaron un poco de magia carnal a la punta de sus pinceles. Un purista del siglo XIX, aunque con escasa afición por mostrar placeres carnales, fue el magnífico artista madrileño Eduardo Rosales Gallinas (1836-1873). En otros países se desarrollaron también las corrientes y estilos del siglo XIX, como el romanticismo alemán e inglés. Hacia finales de siglo y comienzo del siglo XX se podía disfrutar de una gran variedad de vanguar- dias. El punto máximo del individualismo implicaba que cada artista debía promover su propia vanguardia, que afirmaba de carácter universal y verdadero. El postim- presionismo, el puntillismo, el simbolismo pictórico, el expresionismo, el cubismo, el fauvismo, el surrealismo y el futurismo darían cuenta de una sociedad que vive en la revolución por la revolución, la vanguardia por la vanguardia, la universalidad por la universalidad. Una sociedad donde los plazos son cada vez más pequeños y el ritmo cada vez más rápido. Una sociedad nueva pero que no se olvida de uno de los motores del todo. El erotismo del siglo XX ha sido muy cambiante por la influencia de las guerras y por el inicio del mundo de la información. Después de los primeros tratados sobre sexología de Masters y Johnson, Kinsey o Hite, entre otros, la sexualidad, el placer, el erotismo se hacen gra- dualmente más físicos, desprendiéndose de sus tabúes y mostrando muchas veces un rostro grotesco o incluso animal. Aunque el sexo por el sexo se convierte en la postura más común durante los primeros años de este siglo XXI recién estrenado, el enigma de Eros sigue rei- nando el mundo de los deseos carnales y las pasiones amorosas en una conjunción intangible para cada au- tor y para cada observador. El arte sigue impregnado de las pasiones de Eros tanto en su forma como en su contenido, reflejando un discurso tan evidente como cautivante. Antoni Serés “Olimpia”, 1863. Édouard Manet (1832-1883). Museo de Orsay, París.
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