LLEI D'ART 5

87 ANDYWARHOLY EL POPART “El momento en el que llega la quiebra con el arte anterior -denuncia Fumaroli- es con el pop art”. En su opinión, “Warhol se concebía él mismo como alguien vacío, estéril, y su genio consistió en decir que ya que el arte no tenía ningún interés y estamos en un mundo comercial, podía ser más comercial que el comercio mismo. ¿Para qué sirve cansarse creando nuevos objetos, si ya están en el supermercado y poner la firma ya es suficiente? Sus obras maestras son las que corresponden a la sociedad de consumo y a un país, Estados Unidos, que no tenía una gran tradición artística y que ha recibido con estusiasmo ese mensaje. Él y su gente inventaron la people que tenemos hoy por todas partes. En un mundo de marcas y etiquetas, la gente se convierte para ellos también en etiquetas. La democracia se reduce así a un mero papel de espectador y consumidor de este pequeño mundo que inventó un arte a su alcance”. Los dos “artes” contemporáneos. ver con Warhol ni el pop art, ni el kitsch chino ni los young british artists , como Damien Hirst, ni con Jeff Koons. El arte contemporáneo es como una pirámide de Ponzi, la de Madoff, sin nada que ofrecer pero con una publicidad fantástica”. Arte y perfumes . De hecho, expone, “la vitalidad del arte contemporáneo no procede de esos artistas, sino de la relación con el sector industrial y comercial, con la moda, los perfumes, la decoración de interiores y todo lo que antes se llamaba el mundo de la mujer, de la seducción, que es ahora el mundo de masas. Y da ingresos fantásticos. Los propietarios de firmas como L'Oréal o LVMH son mecenas del arte contemporáneo. Los banqueros de hace siglos apoyaron un arte maravilloso y hoy promocionanan el kitsh más inaguantable. Seguramente porque los banqueros del Renacimiento se dirigían a artistas que primero creaban para la iglesia. Quizá es la diferencia entre una obra que se ofrece de forma gratuita y otra de consumo. El arte de antes insinuaba que había algo más allá, podíamos descansar en la obra de arte”. De Nueva York a París . “Y si en Nueva York -prosigue- la cosa está mal, en París es peor, porque nuestro poderoso Gobierno hace todo lo que puede para convencernos de que es el futuro del arte. Y el asunto es que en nuestro mundo artístico, desde la antigüedad a la iglesia romana, nunca hubo un debate iconoclasta, hay una tradición ininterrumpida de confianza en las imágenes como camino hacia lo divino, desde Fidias hasta Picasso, quizá una continuidad mediterránea. La primera vez que hay en Europa iconoclastia es en la Reforma, y en ella aparece el mercado del arte, en la Holanda vencedora de España. Se podía comprar y vender todo porque no era sagrado. Y como la democracia comercial anglosajona se ha impuesto, estamos esquizofrénicos, con los restos de la vieja escuela grecolatina y católica y esta actitud nueva con respecto del arte. Ya no hay acumulación de memoria”. “El arte actual surge del capital financiero y a la vez se quiere capaz de denunciar la explotación” , advierte. Sociología e hipocresía . Fumaroli también carga contra los comisarios y los museos de arte contemporáneo. “El arte actual es una creación del capital financiero y a la vez se quiere sociológico y capaz de denunciar el sistema explotador. Hay mucha hipocresía al presentar montajes destinados a denunciar todos los males de la sociedad financiados por empresas. La metafísica del arte contemporáneo es terrible. Como no hay nada, hay que sustituirlo con teorías. La vocación del arte no es hacer critica del mundo contemporáneo, sino darnos razón del arte de vivir, saber que en algún lugar hay algo más durable que lo material”. De la iglesia al museo . Y concluye: “El museo en una sociedad donde la dimensión religiosa es cada vez más débil se convierte en sustituto de la iglesia. Cuando voy al Louvre tengo la impresión de un peregrinaje medieval, gente al sol, grandes filas. Un templo al que se viene a hacer un gesto de piedad porque allí aún existen imágenes cargadas de trascendencia, los últimos restos de lo sagrado. En el fondo, conmueve”. FREUD y ARIKA . Para Fumaroli, sigue habiendo un arte contemporáneo que merece ese nombre, el que realizan artistas como Lucien Freud, “un gran pintor vivo que para el Centre Pompidou no ha sido contemporaneo hasta el año pasado, una señal de que el contemporáneo está inquieto por sí mismo”. ”Conozco -dice- muchos más grandes artistas que escapan de la banalidad contemporánea. Yo era amigo de Avigdor Arika, cuya historia fue significativa: un joven israelí que con una beca se fue a París, donde hizo arte abstracto y luego se convirtió a la pintura figurativa, estudió Historia del Arte y la técnicas del pasado, y fue capaz de reconstruir en su obra toda la tradición, de retratos a paisajes”.

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