LLEI D'ART 5

CANTABRIA infinita las rutas del arte Arte rupestre 88 La península ibérica es una gran reserva de arte rupes- tre prehistórico. Dado que el arte permitió a nuestros antecesores plasmar en imágenes sus temores, creen- cias y experiencias, el estudio de tales manifestaciones plásticas entraña un gran interés para todo estudioso del arte y su significado. La orografía cavernosa de Cantabria propició, hace miles de años, el asentamiento de grupos de hombres primitivos cuyo arte quedó expresado en las cuevas que habitaban y que actualmente, gracias a un extraor- dinario programa de conservación de patrimonio, se en- cuentran en excelente estado. El tema esencial sobre el que versa la mayoría de tales representaciones es el animal, muy frecuente en las paredes de algunas grutas usadas exclusivamente a modo de santuario. La figura humana aparece de manera más esporádica, en esca- sos yacimientos, y casi todas esas representaciones antropomorfas incorporan rasgos animales (Altamira, Hornos de la Peña). El elemento simbólico parece en muchos casos repre- sentar blasones o emblemas de grupos humanos, tam- bién calificados como marcadores étnicos. La gran ma- yoría de representaciones de animales y el que algunos antropomorfos aparezcan revestidos de atributos de animales, induce a pensar que los paleolíticos crearon unas formas religiosas propias de una zoolatría clara- mente encarnada en las estructuras sociales y econó- micas de aquellos pueblos, para quienes la caza era la esencia de su supervivencia. Las Cuevas de Altamira, cerca de Santillana del Mar, son la capilla Sixtina del paleolítico y el mejor de los conjuntos de arte rupestre conocidos. Por obvias razo- nes de conservación no es posible visitar las cuevas originales, pero existe una réplica, muy lograda, en el museo de Altamira. Descubierta en 1875, no fue reconocida la autenticidad de sus famosos policromos por la comunidad científica, hasta 1902. Altamira es enormemente rica en muestras de arte paleolítico, las cuales se distribuyen por casi toda la cueva, siendo el vestíbulo y la denominada “cola de caballo” (galería final de la cueva), las zonas de ma- yor concentración. La Sala de los Policromos, sin duda el panel más conocido del Arte Paleolítico mundial, con- tiene un gran conjunto de bisontes, aproximadamente una veintena, de gran tamaño y generalmente bicromos y grabados. Junto a ellos, y con las mismas técnicas de realización, hay una gran cierva, dos caballos y va- rios signos, entre ellos grandes claviformes en rojo con protuberancia central. En las galerías del interior, y en la sala central, son muy frecuentes las grabados natu- ralistas, representando sobre todo ciervos y caballos y las pinturas negras de animales y signos. En la cola de caballo, destacan las conocidas máscaras, realizadas aprovechando las protuberancias de la roca y pintadas en negro. Además, hay un gran grupo de cuadrangu- lares en negro, ciervas y varios grupos más de graba- dos y pinturas negras naturalistas. Altamira contiene santuarios de varias épocas. Los motivos más antiguos parecen ser los del interior de la cavidad, que irían del Solutrense Superior al Magdaleniense Arcaico. Los po- lícromos se sitúan en torno al 14.500 antes del presente (Magdaleniense inferior). Sin embargo, en 2008, nueve cuevas cántabras fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, cinco de las cuales están abiertas al público actualmen- te y son precisamente sobre las que trataremos. Saliendo de Santander, y en dirección a Burgos, alcan- zamos el corazón del valle de Camargo, próximo a la localidad de Escobedo, donde descubrimos unas cue- vas de amplia boca y monumental vestíbulo. Se trata de las cuevas del Pendo, descubiertas en 1878 y que con- tienen un importante conjunto de arte mueble y piezas ornamentales en los espacios subterráneos, supuesta- mente utilizados con fines de carácter ritual y social. El ejemplo más destacado del comportamiento simbólico son las manifestaciones artísticas parietales. Hasta el reciente descubrimiento del Friso de las Pinturas en 1997, únicamente se conocían dos figuras grabadas (al Cueva de Altamira. Foto cortesía Gobierno de Cantabría.

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