LLEI D'ART 5

89 menos una de ellas un ave) en la parte más profunda de la cavidad. Se trata de un panel de 25 metros de largo, visible desde cualquier parte de la sala principal, que contiene, a modo de gran retablo, una veintena de figuras pintadas en color rojo. Destaca, al igual que en el caso de Covalanas, la realización de las figuras me- diante contorno punteado, bien digital, bien tampona- do. Algunos motivos muestran una complementariedad técnica, al combinarse el anterior modo de ejecución con el trazo lineal. La implantación de las figuras en el friso, las similitudes técnicas en el trazado y en el estilo (despieces internos, rellenos totales o parciales de co- lor, etc.) marcan una unidad compositiva de las pinturas que prueba la sincronía en la ejecución. Su cronología, difícil de fijar de manera absoluta, parece situarse en una fase antigua, hace unos 20.000 a.C. Retomando la carretera de Burgos en dirección a Puen- te Viesgo, nos encontraremos con el Monte Castillo, al borde del río Pas, un promontorio que esconde en su interior un intrincado laberinto de cuevas, dos de las cuales, la del Castillo, descubierta en 1903, y la de las Monedas, descubierta en 1952 y situada a escasos 650 metros de la primera, son de gran importancia y signi- ficación. El interior de la cavidad principal del Castillo contiene uno de los conjuntos más singulares e impor- tantes de la Prehistoria de Europa, un referente para la historia. Sus más de 275 figuras, todas ellas correspon- dientes a los albores de la presencia del Homo sapiens en Europa, representan un paseo subterráneo por los orígenes del pensamiento simbólico, la mente abstracta y la expresión artística, y ejemplifican los temas y recur- sos gráficos que sus pobladores utilizaron para expre- sar una parte de su mentalidad. El bestiario formado por caballos, bisontes, ciervos, cabras o incluso un mamut, es variado y muestra parte de los animales con los que cohabitaban. Las referencias a la figura humana se li- mitan a la palma de la mano, motivo especialmente fre- cuente en esta cueva. Los signos, formas geométricas o abstracciones, son abundantes. Destacan las llamadas nubes de puntos y las formas rectangulares, muchas de ellas complejas en su composición debido a las segmentaciones y rellenos internos. Dibujos y pinturas rojas, negras y amarillas, grabados (en sus diferentes versiones atendiendo a las características de los surcos) y al menos dos esculturas simples asociadas a pintura, muestran un diverso elen- co técnico. Siguiendo el camino que bordea el monte se abre al visitante la cueva de Las Monedas, la de mayor recorri- do de entre todas las cavidades conocidas en el Monte Castillo, bautizada en un principio como cueva de los osos. Una bolsa de monedas presuntamente escondi- da por un anónimo visitante del siglo XVI y encontrada en la cueva, originó el cambio de nombre. De los 800 metros que tiene la cueva, se visitan unos 160 metros. El recorrido esconde un auténtico espectáculo. Estalac- titas, estalagmitas, discos, columnas, terrazas colgadas y coladas de colores, debidos a la variada composición mineralógica de la roca, describen un paseo geológico. Los procesos de disolución de la calcita y de sedimen- tación y vaciado hacen de la visita a la cueva un regalo, de belleza y colorido, para los ojos. A diferencia de la cueva de El Castillo, las manifestaciones parietales fi- gurativas se concentran en una pequeña sala lateral a pocos metros de la zona de entrada. El conjunto, muy homogéneo en su realización técnica (dibujo negro tra- zado a lapicero) y estilo (que apunta a una única fase de ejecución), se compone de al menos 17 figuras anima- les y diversas formas de signos o conjuntos de líneas de difícil interpretación. Desde Puente Viesgo, y en dirección Oeste se encuen- tra la cueva de Hornos de la Peña, en San Felices de Buelna, con una entrada característica en forma de arco, orientada al sur, descubierta en 1903. Las prime- ras figuras, algunas hoy desaparecidas, se sitúan en la zona exterior. El área propiamente subterránea o inte- rior, a la que se accede por un paso bajo y estrecho que da acceso a diferentes sectores de medianas pro- porciones, contiene la mayor riqueza artística. Hornos de la Peña muestra uno de los conjuntos de grabados más completos de la región cantábrica. Destacan las figuras de tamaño grande y concepción naturalista. Un posible reno y una especie de forma serpentiforme enri- quecen el bestiario habitual que, en esta gruta, destaca por la especial atención al detalle (crineras, pelaje, ojos, bocas, etc.) que prestó el artista durante la ejecución, demostrando un conocimiento preciso de la anatomía animal. Las figuras fueron realizadas principalmente mediante técnica de grabado, documentándose solamente un di- bujo negro de caballo. Las modalidades de grabación son variadas: la incisión fina y el trazado digital, repre- sentativas de los paneles interiores, y la abrasión, pro- pia del sector de entrada. Especialmente las diferencias técnicas, en complementariedad con la concepción es- Cueva de Altamira. Foto cortesía Gobierno de Cantabría.

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