LLEI D'ART 6

LLEI D’ART 12 tas en el mercado del arte gracias al refrendo de la crítica, por lo que la mayor parte de los museos de arte moderno o contemporáneo renun- cian a mostrar la cultura viva, para convertirse en templos devotos al recuerdo de lo histórico, suntuosos mausoleos de tendencias pasadas, magníficas, muy ilustrativas, pero definitivamente pertenecientes a la historia del arte, no a su presente. Es por ello que el museo viene ex- perimentando una crisis de funda- mentos, habiendo tomado un cami- no que le lleva a erigirse más bien en un instrumento de bienestar so- cial y manipulación cultural que en un valioso marcador cultural y ar- tístico, capaz de dar veraz testimo- nio tanto de cuanto ha acontecido como cuanto sigue aconteciendo en el panorama artís- tico. Aunque el auge de las exposiciones temporales, efímeras, ha sido y seguirá siendo motivo de polémica, dado que hay quienes defienden que abandona uno de los principales bastiones sobre los que se basaba la esencia museística renacentista, que es el de la con- servación, la mayoría se muestra partidaria de esta cre- ciente tendencia, argumentando que se ajustan a una trayectoria ciertamente descriptiva y continuada de la historia del arte y sus principales corrientes, algo casi insólito en la mayor parte de los museos, abocados ex- clusivamente a convertirse en grandes instrumentos de movilización de masas. museos creados durante el auge museístico de la se- gunda mitad del siglo XX, conceden especial prepon- derancia a la arquitectura del edificio, sustentándose en un nuevo concepto de espacio lúdico donde entretener al público mediante la incorporación de exposiciones temporales, tiendas y propuestas varias de entreteni- miento que distancian sobremanera sus fines de los propios del museo clásico, convirtiéndose en grandes espectáculos llenos de salas disponibles para cualquier fin publicitario, político o social, y desvinculándose de su excelso simbolismo como transmisor cultural. Su mediación, entre empresas privadas y públicas, gra- cias a las múltiples ventajas fiscales que afectan todo bien considerado como “cultural”, legitima su actual función, al tiempo que da tajada al estado para inter- venir en el siempre tan codiciado mercado del arte, re- gulando transacciones y cabildeando todas y cada una de las mediaciones, especialmente las que tienen que ver con la tasación, pero también abre una brecha a la incorporación de colecciones privadas y a su conoci- miento por parte del público. Y aunque el concepto de exposición temporal parece una forma digna y honro- sa de capear el temporal de recortes presupuestarios, parece que muchos centros aún siguen mostrándose recelosos a la hora de abrir sus puertas a las auténticas corrientes de arte actual, por lo que apuestan por lo se- guro y muestran solo colecciones históricas. Es obvio que consideran arriesgado –y sobre todo difícil–, tener buen ojo a la hora de seleccionar qué artistas podrían llegar a alcanzar a medio o a largo plazo elevadas co- “Bodegón: ciruelas, brevas, pan”. Luis Egidio Meléndez. Museo del Prado (Madrid). Uno de los más re- levantes pintores de bodegones del siglo XVIII, trece de cuyos lienzos conserva el museo madrileño, no solo murió en la miseria, sino que su legado artístico reposa en una de sus múltiples salas santuario como testimonio de la magistral técnica del realismo del tercer cuarto del siglo decimoctavo. Algunos museos privados, como el recientemente inaugurado Museo Europeo de Arte Moderno, ubicado en el corazón de Barcelona, apuestan por la expo- sición de obras de artistas vivos y jóvenes, fieles a una de las corrientes que durante años ha sido más desatendida y menospreciada. Paradójicamente, la figuración constituye una de las más actuales tendencias del arte actual. Foto : Kim Castells.

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