LLEI D'ART 6

I António Lobo Antunes en el Instituto Cervantes: 7 de febrero de 2011. El Cervantes invitaba, en su sede de la calle de Alcalá, a una conferencia de Lobo Antu- nes, que abría el ciclo: “Escribir y traducir en el espacio ibérico”. Comenzó criticando el título, porque:“escribir es siempre traducir, la profundidad oscura, las emocio- nes...”, dijo. Abrió el acto Carmen Caffarel, serena pero ajena, y presentó al autor la subdirectora académica de la entidad, Raquel Romero, leyendo unos folios plaga- dos de lugares comunes, para colegiales de primero, impropios a su rango. Leí, tiempo ha, de Lobo Antunes, “ Fado Alejandrino ”, mal traducida, y no me gustó. Incita- do por Mario Merlino, su traductor, comencé “ Tratado de las pasiones del alma ”. No leo novelas, si no es forzado. Sin colusiones, ni tósigos, ni batahola, con nostalgia de la sencillez, aspirando a la desnudez, a la ecuanimidad, a la esencia de los hechos, que no podemos cambiar aunque susciten opiniones encontradas. En la era global hay que partir de lo concreto, para no perdernos en retóricas mixtificadoras y opinar con idoneidad. T omás paredes Nombrado en 2006 académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada y subdirector del perió- dico “El Punto de las Artes” hasta 2008, Tomás Paredes Romero – licenciado en Derecho, Historia Antigua e Historia del Arte, profesor, periodista y críti- co de arte–, ha publicado más de 10.000 artículos en diferentes periódicos y revistas especializadas en arte, y viene siendo colaborador asiduo del diario “La Vanguardia” de Barcelona sobre mercado del arte. Ha pronunciado más de doscientas conferencias, tanto en España, como en Francia, Suiza y Portugal y es secretario del Premio BMW de Pintura. Desde 2004 es Presidente de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte (AMCA). 17 Análisis desde lo concreto No leo a Lobo Antunes, pero me interesa lo que dice sobre la poesía y siempre que puedo le escucho y leo sus entrevistas. El lunes 7 fue memorable por los hechos. Allí estaba Lobo, con jersey: aspecto displicente, tosco, duro, hos- co, recio, brusco; cuando se adentró en materia se cla- rificó y dejó ver su imagen de jazmín sobre el estiércol, su mollaridad sin molleza. No me defraudó: citó a mu- chos poetas, quier sus versos, quier sus nombres, tales: Ovidio, Virgilio, Horacio, a quienes traduce; Camoes, Quevedo, Unamuno, Keats, Lorca, Tirso, Kosztolanyi, Salinas, Curro Romero… Dejó perlas inconexas, pero hermosísimas: “ Escribir es una manera de estructurar el delirio…Escribir es cómo escribir….Hay que tener una mirada virgen y sabia a la vez…. Para escribir tienes que ser pobre como los muertos, hay que vaciarse…. ” Tras su repiqueteo de frases y recuerdos personales, vinieron las preguntas, que rondaron en torno al estilo, la fantasía, la realidad…Y ahí empezó su recital sobre Curro Romero, que dejó atónitos a los organizadores y a gran parte del auditorio. “ Hay -le contestaba a un joven-, toreros buenísimos, otros buenos y Curro Romero. El estilo es escribir como cuando Curro Romero estaba en sus mejores momentos. Uno tiene que esperar a que el duende de Curro le habite ”. Nueva pregunta, pero él a lo suyo: “ En una foto aparece Juan Belmonte señalando a

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