LLEI D'ART 6

39 espiritual, el espejo en el que se contempla una socie- dad individualista y superflua, más preocupada por el envoltorio que por el interior? Probablemente en el siglo XVIII sucedió lo mismo. No hay más que ver cómo eran los ropajes de las gentes poderosas. No me fío de la honestidad de las épocas anteriores. El arte da la medida de cómo ha sido la vida, y cuando ves, desde el renacimiento hacia aquí, lo que ha ocurrido, descubres grandiosos valores y también mucha mediocridad, mucha receta y mucha pintura ali- mentando la vanidad de la sociedad que la alimentaba. Históricamente, el arte ha ido de la mano de la miseria y la desgracia. Son muchos los artistas que se han sen- tido abandonados ante su destino. El genio y el talento han seguido estando ahí, y muy especialmente en si- tuaciones de extremo infortunio, ¿es fuente de inspira- ción la desventura? Al contrario. Creo que el fracaso es destructivo, como la mala salud. Es una anomalía. El que hace arte, el escultor, el músico…si no encuentra un apoyo en la so- ciedad es como si no existiera. Es como su muerte y en realidad, de hecho, se tiene que detener, no puede con- tinuar. Es decir que algunos artistas del pasado, como Tiziano, que vivían muy dignamente de su trabajo, eran muy estimados y admirados por la sociedad, porque cumplían con una función muy importante. “La sociedad no tiene necesidad de tantos artistas” Casi siempre ha habido una primera etapa, unos pri- meros pasos, que son difíciles, incluso para quienes después triunfarán. Y son indispensables para poder dar los siguientes pasos. En esa etapa se queda quizás mucha gente, pero es una criba necesaria, porque no todos los que empiezan pueden llegar a vivir del arte. La sociedad no tiene necesidad de tantos artistas. Me parece una broma pesada que digan que el fracaso puede ser un estimulo. Conforme va pasando el tiempo, tú esperas que el camino difícil se suavice. Empiezas en la nada con la esperanza de que todo eso vaya me- jorando. El camino tortuoso, cuando va acompañado de deses- peranza, aboca en fatalidad, pero hay también grandes artistas –muy jóvenes algunos de ellos–, que miran ha- cia delante y a quienes me gustaría que Antonio López les ofreciera un buen consejo ¿Qué les diría? Que tengan paciencia y generosidad. Es un tramo que hacer. Como los niños que gatean antes de echar a an- dar. Es algo que entra en la trayectoria de cada uno de los que estamos trabajando. Desde luego, si la si- tuación se prolonga demasiado, como le sucedió a Van Gogh, debes hacerte un planteamiento y buscarte una fuente de ingresos, pero tampoco pasa nada porque hay muchísima gente que resuelve de esa manera. Hay que contar con eso. Me parece más significativa la gente madura que no en- cuentra un apoyo, que sigue trabajando y trabajando, entrega su tiempo y su vida a esa tarea y no ve una res- puesta. Ahí ya la cosa se comienza a poner seria, por- que si ese artista es bueno, hay que ayudarle, apoyar- le o aconsejarle. Quizás sea bueno que se cambie de ciudad, porque está donde no debe de estar. Si Miguel Ángel o Goya se hubiesen quedado en sus respectivas ciudades o pueblos natales, ¿qué habría sido de ellos? A veces hay que abandonar tu ciudad, o incluso tu país. Foto: Iván Villalba.

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