LLEI D'ART 6
LLEI D’ART 40 Nadie es profeta en su tierra… A veces sí, no hay una regla general. Si hubiera reglas generales, nos resultaría más fácil el recorrido. Hay ra- zones para que hagas lo que quieras. Hay gente, como Romero de Torres o Sorolla, que eran adorados en sus respectivas tierras. La crisis de valores provoca confusión, parálisis. Desde hace ya siglo y medio la vara de medir valores ya no existe. Hay que reconocerlo, aceptarlo y trabajar esa duda que apenas desvelas a lo largo de toda tu vida, y que depende siempre de la respuesta exterior. La prueba fehaciente de tu valor es ser valorado… Ahora mismo sí, y desde hace tiempo viene siendo así. Si la respuesta es fenomenal, tú te sientes fenomenal, si la respuesta es negativa, pues llegas a la conclusión de que lo que estás haciendo no tiene un gran valor, ya que no lo puedes demostrar. Pero si Van Gogh hubiese tenido más paciencia, más resistencia, probablemente hubiera visto como empezaban a cambiar los criterios de la sociedad en relación con él, y hubiese conseguido satisfacción y dinero de sus mismas obras. Creo que es importante contar con paciencia y resistencia, y luego valer. Esa es otra. También se dan por válidos a muchos que no lo merecen. Eso pasa ahora y antes también, con lo cual la confusión está servida. ¿Podemos hacer algo por cambiarlo? Si pudiera hacer algo por cambiar, nunca echaría abajo nada. Me limitaría a enaltecer lo que creo que está ex- cesivamente hundido, pero yo nunca diría nada malo de algo que me parece malo, por muy seguro que estu- viera de ello. Resulta un tanto deplorable la manipulación especula- tiva a la que muchos agentes intermediarios someten tanto al comprador como al propio artista ¿no resulta anti-ético? No, no es así. Lo que pasa es que hay que pactar. Mi- guel Ángel tuvo que pactar con los papas, Leonardo con otra mucha gente, porque hay que sobrevivir, aunque a veces sea preciso hacer tu trabajo de una cierta ma- nera. Es como pagar un peaje para salvar lo principal y poder seguir haciendo tu trabajo. Desde la prehistoria, el hombre ha sentido la necesidad expresiva de transmitir temores, anhelos y sueños. ¿Si- gue el artista actual haciendo lo mismo? El hombre es y seguirá siendo el mismo, mientras no se transforme, que no lleva ese camino. Aunque los me- dios, las técnicas y los lenguajes varíen muchísimo, lo que mueve el arte, todo ese movimiento interior, está provocado siempre por los mismos motivos. Sin embar- go el arte actual ya no va en busca de la belleza. Resulta magnífica la incorporación del factor tiempo dentro de todas sus obras. Busca el efecto dinámico que ejerce la luz sobre los elementos, el dinamismo de la persiana que ahora está subida y mañana bajada, el toldo que se echa o se recoge. No hay tiempo de pintar el fruto del membrillo, porque tendríamos que esperar al siguiente. Este tiempo que le toma la creación de un cuadro porque así lo impone el propio Antonio López, es como una sagaz manera de madurar, de evolucionar con él. Todo eso no son cosas voluntarias ni programadas. Poco a poco te vas haciendo un lenguaje. Si eres pintor, en un momento ya tienes una forma de pintar donde se supone que dentro de ese lenguaje tú puedes hablar y contar todo lo que tú sientes. Como uno puede materia- lizar lo que uno siente, está claro que el sentimiento es siempre lo primero, y del mismo modo que el abstracto lo hace de una forma directa, sin necesidad de la inter- vención del mundo real, del objetivo inmediato, el pintor figurativo siempre ha necesitado esa colaboración del mundo real de una forma u otra. Y lo que consigues tiene que ver con cosas, en general, muy enigmáticas. Ese reflejo del paso del tiempo lo consigue Vermeer, por ejemplo, pero no es fácil de ver en muchos de sus con- temporáneos, como tampoco es frecuente en el barro- co. Es intrigante y se desarrolla mejor en determinados espacios espirituales o morales, pero no se sabe muy bien en qué reside. Yo quiero creer que el mundo de la pintura abarca todos los lenguajes. ¿Alguna vez ha coqueteado con la abstracción? Yo siento una enorme admiración como espectador por la abstracción, y he tenido amigos de mi generación que derivaron a la pintura o a la escultura no figurativa. Pero yo no he hecho abstracción, aunque la siento muy bien, noto que puedo hacer una lectura con placer e interés de una obra abstracta, como puedo hacer una lectura de una fachada arquitectónica, o de una pieza musi- cal. Una vez que prescindes de cómo están hechas las cosas, te encuentras con un fondo que siempre es el mismo y que consigue atrapar eso que llamamos emo- ciones. En la música, por ejemplo, todo es abstracto. El lenguaje musical no tiene referencias figurativas, y hay música que conmueve, al que le conmueve, claro está. Recientemente, leía en una entrevista un comentario en el que decía: “hay quien, en un cuadro de Mondrian, solo ve rayas”
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