LLEI D'ART 7

el rincón del profano 11 El ángel custodio Canta el cisne en la laguna de los ahogados Desde lo alto de la colina contemplaba Sitael cómo una densa y mefítica capa de gases engullía los colores del horizonte como si de una ponzoñosa ciénaga se tra- tara. Recordaba tiempos pasados, cuando el aire era fresco y la gente se veía más risueña cuando transitaba el corazón de la ciudad con paso firme pero sosegado. Se preguntaba cómo era posible que la humanidad hu- biera sido tan negligente e indiferente como para dejar morir lo que en su día les fue entregado, cómo era que pudiera haber negado lo que sus propios sentidos le mostraban. Algo en la atmósfera le provocaba quema- zón en la piel. Una inconcebible tensión parecía encubierta y al ace- cho tras los rostros, herméticos y atribulados. Han cons- truido un mundo a resultas de la aniquilación de cual- quier otro modelo que no fuera el suyo –el legalmente autorizado, claro está–, aniquilando a sus diferentes y tomando un rumbo que les conduce irremediablemen- te hacia su autodestrucción como personas –reflexionó el ángel, consternado desde su atalaya. No reconocen más vidas que la que han acertado a construir, perdién- dose con ello la esencia misma del don que se les ha concedido. Crueles con la pureza propia y ajena hasta lo inimagina- ble, amodorrados en la parsimonia de una cotidianidad carente de fundamento pero rebosante de vacuidad, es la letargia de la mayoría lo que sume a la civilización en un acelerado proceso de decadencia espiritual y moral que devora la fragancia del alma, sin conceder tregua alguna a la esperanza. Mordaz paradoja para un mundo infestado por el virus de la información desmedida y as- fixiante, el que sea justamente la ignorancia la que cata- pulte a tantos al vacío existencial. La realidad supera la © Jorge Marín.

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