LLEI D'ART 7

15 I Sin difusión no hay promoción. El arte necesita ser difundido para su conocimiento: Nuestros mayores defendían y sabían que el buen paño en el arca se vende. Esto ya está obsoleto. Casi nada de lo que ha poco tiempo regía nuestras relaciones eco- nómico-culturales, tiene ahora vigencia. En la actuali- dad nos hemos instalado en un cambio permanente y no es bueno estarse quieto en época de mudanzas. La globalización se expande, imparable, como una mancha de aceite, influyendo en todas las parcelas de la vida. En la del arte más que en ninguna otra, porque se ha hecho mediático en exceso. Pasó el momento de En “Con Cervantes” (Buenos Aires 1947), ca- pítulo dedicado al “primer cervantista”, Fran- cisco Márquez Torres (pág. 207), escribe Azorín sobre la página de aprobación, que éste redactó, en la segunda parte del Quijote (1615), alu- diendo a la obra magna cervantina: “Lo concre- to se funde en esas páginas con lo abstracto. No puede haber escritor verdadero sin el sentido de lo concreto. Márquez Torres tiene ese sentido. Cuando se ha explayado el autor por lo abstrac- to, de pronto evoca un hecho”. T omás paredes Nombrado en 2006 académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada y subdirector del perió- dico “El Punto de las Artes” hasta 2008, Tomás Paredes Romero – licenciado en Derecho, Historia Antigua e Historia del Arte, profesor, periodista y críti- co de arte–, ha publicado más de 10.000 artículos en diferentes periódicos y revistas especializadas en arte, y viene siendo colaborador asiduo del diario “La Vanguardia” de Barcelona sobre mercado del arte. Ha pronunciado más de doscientas conferencias, tanto en España, como en Francia, Suiza y Portugal y es secretario del Premio BMW de Pintura. Desde 2004 es Presidente de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte (AMCA). Análisis desde lo concreto la vigencia de lo íntimo. Estamos en la era de la infor- mación, de la escasa formación y la globalidad: ¡que se conozca en todo el mundo, aunque carezca de entidad! Las galerías de arte que hemos conocido, y que aún perduran, tienen los días contados. Deben variar su modus operandi y refundar su actuación. También las ferias de arte están llamadas a desaparecer, en ge- neral, con la excepción de algunas pocas que se han especializado o adquirido un marchamo propio, tales como Basel o Maastricht. El futuro está en la red y en la programación de eventos puntuales en espacios acredi- tados o en subastas selectivas. Porque el arte o aquello que producen los artistas debe ser difundido, puesto en valor y promocionado por alguien: especialistas, mar- chantes poderosos o consorcios y lobbies . Nada que no sea publicitado es susceptible de venderse o adquirirse. Los llaneros solitarios se extinguen con celeridad o han pasado a mejor vida. Todos somos ya dependientes. Los artistas deberán tener sus agentes o pertenecer a grupos importantes de negocios para que su obra sea defendida y reconocida. La crítica de arte ha sido suplantada por el mercado y los críticos ya no son los teóricos que determinaban; son curadores que sirven a esos eventos puntuales y adornan los escaparates como los modistos los cuerpos de hermosas modelos. ¡Hay que moverse, por el mundo y por la red!

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