LLEI D'ART 7

LLEI D’ART 36 ha impartido clases de dibujo en diferentes instituciones docentes, un trabajo en el que se sentía cómoda. La pintura de María Moreno es refinada y tornasolada, austera y aparentemente distante. Es una obra que pa- rece sumergida en un mundo profundamente persona- lizado y condicionado por la naturaleza, porque es una artista de oficio, absolutamente magistral y auténtica, que ha sabido fusionar el valor de la estética con el de lo afectivo. Mantiene un delicado equilibrio entre forma y contenido que tilda de trascendental todas sus crea- ciones, al margen de modas o tendencias. Una visión peculiar, delicada, casi mística perfuma sus visiones, de una objetividad sutil que esconde retazos del alma de la pintora: sosegada, en paz y paciente, pero tenaz y constante en sus propósitos. Su primera exposición in- dividual fue en 1966, en Madrid, cinco años después de casarse con Antonio López, aunque su pintura, como la de la mayor parte de los realistas en aquellos tiempos, fue mucho más apreciada en Estados Unidos y Norte de Europa que en España. Una claridad apabullante que disfraza de visiones –casi espectrales a veces– lo que no es más que una excelsa forma de representar su realidad circundante, sencilla, humilde, diáfana, her- mosamente cotidiana, donde siempre se adivina su pre- sencia invitando al espectador a una contemplación no “Carretera de Záncara”, 1976. María Moreno. Colección Galería Brockstedt. Hamburgo. invasiva. Su pureza plástica ennoblece la pintura. Su trabajo, pausado y elaborado, es producto del senti- miento que la visión de la realidad produce en la artista. Poeta de lo cotidiano, sus representaciones, frecuente- mente pintadas con tonos claros y veladuras, evidencian pinceladas sutiles, acordes a la parquedad matérica. Su contexto, el habitual, el familiar; rincones desapercibi- dos de su tranquilo barrio de Chamartín, a los que res- cata del olvido e inmortaliza con magistralidad y sobria elegancia. Se trata de una fórmula personal, no entera- mente consciente. Ahí radica precisamente el ángel de su expresión. Su pintura es menos objetiva; se adueña de una suerte de misticismo que capta en aquello que retrata para convertirlo en algo conmovedor. Pintora de la melancolía, ha experimentado una interesante evolu- ción desde sus trabajos más tempranos, ricos en inte- riores sombríos, lúgubres, tristes, que inquietan. Con el tiempo, la pintora fue abriéndose a la luz, saliendo hacia el exterior y retratando rincones intimistas de su jardín o paisajes urbanos próximos. La propia pintora reconocía que se trataba de un fiel reflejo de su proceso de evolución interior. Introvertida y reservada, sus paisajes, siempre solitarios, son cálidos y acogedores, dotados de una luz de difícil descripción.

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