LLEI D'ART 7
LLEI D’ART 42 óleos de gran formato, se muestran bocetos, dibujos, acuarelas y grabados que ofrecen un testimonio de la vida interior del artis- ta y lo aproximan a la sensibilidad contemporánea. Durante el viaje que realizó a Marruecos en 1832, Delacroix hizo diversas escalas en España: Algeciras, Cádiz y Sevilla. “ Todo Goya palpitaba a mi alrededor ”, escribió a su amigo Pierret, ma- nifestando su precoz interés por el arte de la Península Ibérica. De hecho, Delacroix fue uno de los primeros en Francia en co- nocer los “Caprichos” de Goya. La exposición pretende poner fin a esta situación, paradójica si atendemos a la poderosa in- fluencia que en su arte tuvo la figura de Goya o la incidencia que tuvo Delacroix en el gran maestro español del siglo XX: Pablo Picasso, quien le honró con una serie inspirada en Mujeres de Argel en sus habitaciones. Esta gran retrospectiva propone una visión completa de la obra de Delacroix y de su evolución pictórica, recorriendo las dife- rentes etapas de su producción, desde las primeras obras, que buscan la inspiración en el museo, hasta la etapa de madurez, en la que el artista repite los temas que trabajó anteriormente, con otra perspectiva, poniendo especial énfasis en sus obras de historia, así como en las de inspiración oriental. Placer visual y seriedad intelectual han guiado la selección de las obras expuestas, que pretende dar a conocer una nueva in- terpretación del “romanticismo” de este pintor. Después de la nueva edición del “Diario de Delacroix” en 2009, esta retrospec- tiva propone una nueva visión de la producción del artista, ba- sada en los últimos descubrimientos y publicaciones científicas. Se explora cómo planteó Delacroix la cuestión del tema y de su necesidad, y cómo surgió la idea de una composición basada en su ejecución. Muestra, además, que el pintor francés conocía profundamente la tradición pictórica de los encargos oficiales y de los temas heroicos de la historia y de la religión, y cómo la reinventó antes de confron- tarla con la revolución del realismo a partir de mediados del siglo XIX. También se centra en aspectos menos conocidos de la producción del artista. El retrato constituye uno de ellos: el gran Retrato de Louis-Auguste Schwiter , que sedujo tanto a Degas que lo compró, muestra el genio del maestro en este campo. El autorre- trato también ofrece un interesante campo de análisis, dado que Delacroix solo realizó tres enteramente de su mano, todos ellos presen- tes en la exposición: el famoso Autorretrato con chaleco verde y el Autorretrato como Ra- venswood , los dos del Louvre, y el Autorretrato ejecutado hacia 1842, procedente de la Galería de los Uffizi de Florencia. Delacroix y el modelo En la época de Delacroix, el desnudo consti- tuía la piedra angular del aprendizaje artístico. El ciclo de María de Médicis de Rubens, en el Louvre, proporcionó al joven pintor un modelo a seguir. En esta sala se exponen varios es- tudios que ponen de relieve la originalidad de Delacroix al anteponer la fascinación por la luz y el color de la carne femenina a la precisión anatómica. Las tres versiones del retrato de Aspasia suponen una extraordinaria investiga- ción sobre el color. El reto es reproducir la luz y la textura de terciopelo de la piel de la mula- ta. Para conseguirlo, Delacroix marca con un marrón más oscuro ciertas partes del cuerpo, como las axilas o el dorso de la mano, desaten- didas en el desnudo académico. Además, se recrea en el contraste entre el marrón de la piel y el rojo intenso de los labios. Si comparamos los tres retratos, podremos comprobar que el rostro y el cuerpo interactúan con el fondo coloreado, que pasa de rojo en la versión más antigua, a verde en la más mo- derna. Las ilustraciones de Fausto La literatura representó para Delacroix una po- derosa fuente de inspiración. Una de sus prin- cipales obras como litógrafo fueron diecisiete planchas para el Fausto de Goethe (1828), que proponen una lectura muy personal de esta obra. Delacroix se aleja del texto original, deja de “Mujeres de Alger en su aposento”, 1834. Museo del Louvre © 2009/ Erich Lessing.
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