LLEI D'ART 7
43 lado los amores entre Fausto y Margarita, y se centra en la relación entre Fausto y Mefistófe- les, su doble maléfico. A lo largo de la serie, la imagen de Fausto se identifica cada vez más con su diabólico mentor, hasta el punto de lle- gar a confundirse con él en la escena de la se- ducción de Margarita. Goethe vio las litografías de Delacroix y valoró su novedosa interpretación: “ Delacroix es un artista de un talento raro que ha encontrado en Fausto el alimento preciso que necesita. [...] Y, si debo confesar que, en estas escenas, De- lacroix ha superado mi propia visión, con más razón los lectores lo encontrarán más vívido y mejor de lo que se figuraban ”, declaró a su amigo Eckermann en las célebres “ Conversa- tions ”. El retrato y la influencia británica Entre los años 1820 y 1830, la obra de Dela- croix denota una fuerte influencia de la pintura inglesa, sobre todo a partir del viaje que realizó a Londres en 1825 y después de haber cono- cido al pintor Sir Thomas Lawrence. Delacroix interpreta el retrato británico de acuerdo con su propia personalidad pictórica. La obra más re- levante de este periodo es el Retrato del barón Schwiter (1826). Como en muchos retratos in- gleses de la época, la pintura aspira a captar el carácter del barón, que aparece de pie, en un parque. Pero en vez de reproducir una actitud falsamente distendida, Delacroix privilegia los aspectos formales y, mediante la indumentaria, realza su sentido aristocrático. El gusto romántico por el disfraz se manifiesta especialmente en el retrato del barítono Ba- rroilhet vestido de turco o en el autorretrato del artista como Edgar Ravenswood, el protago- nista de la novela de Walter Scott, La novia de Lammermoor (1819). Sabemos, por testimo- nios de la época, que Delacroix asistía a los bailes de disfraces ataviado como Dante. La inspiración literaria La imaginación de Delacroix necesita estímu- los. “ Lo que hace falta para encontrar un tema, sería abrir un libro capaz de inspirar y dejarse llevar por la disposición del momento ”, escribió en su Diario. En la década de 1820 a 1830, estos estímulos le llegan a través de la literatu- ra. Pero no basta con ilustrar una narración: el artista transcribe las emociones que le provoca la lectura. Más adelante, la sola visión de los colores de la paleta será suficiente. Delacroix irrum- pe en los Salones de dicha década con audacias estilísticas que revolucionan la pintura de historia. Al mismo tiempo que exalta la materia de la pintura, renueva sus temas a partir de lecturas de literatura antigua y moderna: junto con Dante, Cervantes o Milton, las novelas de moda de Chateaubriand o de Walter Scott. Lord Byron se convierte en una figura tutelar para el artista, que le sugiere temas exóticos, como Sardanápalo o el combate de Giaur y Hassán , y le proporciona una visión de la historia con- temporánea. Siguiendo a Lord Byron, toma partido a favor de la independencia de Grecia en su lucha contra el imperio otoma- no. Dos de sus obras maestras – La masacre de Quíos (1824) y Grecia expirando sobre las ruinas de Missolonghi (1826)–, son alegorías inspiradas por la actualidad bélica. En 1826 Delacroix pintó Grecia expirando sobre las ruinas de Missolonghi . La obra estaba destinada a una gran exposición en beneficio de los revolucionarios griegos, y representa la he- roica resistencia de los habitantes de Missolonghi. Es también un homenaje a Lord Byron, que murió en esa ciudad en 1824. El dolor de Grecia está representado por la figura de una mujer desesperada que acepta su sacrificio. En 1832 Delacroix participó en una misión diplomática francesa en el norte de África, acompañando al conde de Mornay en su visita a Abderramán, sultán de Marruecos. En el transcurso de ese viaje realizó varias escalas en ciudades españolas: Cadis, Sevilla y Algeciras. En su cuaderno de viaje, Delacroix tomó una gran cantidad de notas del natural, lo que le permitió perfec- cionar la técnica de la acuarela. Este periplo norteafricano pro- porcionó al artista un inagotable repertorio de temas y motivos, “Los Natchez”, 1823-1835. The Metropolitan Museum of Art (Nueva York).
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