LLEI D'ART 7
LLEI D’ART 44 el rincón del profano en los que trabajó hasta el final de su vida. Algunas obras de pequeño formato, como Una calle en Mequinés , respiran frescor e inmediatez. A partir de 1832, la inspiración de la obra de Dela- croix se renueva por la elección de los temas y el tratamiento del color, que se convierte en el protagonista principal de su pintura. A finales de la década de 1830, Delacroix vuelve al clasicismo y pinta grandes óleos de tema mitológico y religioso. Desde prin- cipios de la década de 1840, aborda todos los temas, desde la historia antigua hasta la actualidad contemporánea, el retrato y la pintura decorativa y religiosa, y renueva de manera constante sus fuentes de inspiración. El sentimiento religioso no es muy relevante en la obra de De- lacroix, y la crítica de su tiempo se lo reprochaba. Sin embargo, la figura de Cristo ocupa un lugar muy destacado en su produc- ción. El artista veía en la imagen de Jesús crucificado al indivi- duo enfrentado al destino y la muerte. Sus Crucifixiones se cen- tran en la soledad de Cristo. El pintor interpreta la Pasión como un drama humano lleno de dudas, sufrimiento y resignación, eliminando los elementos narrativos y expresionistas, e invitan- do al espectador a meditar sobre el dolor del hombre. En 1847 Delacroix retoma su diario, interrumpido en 1824, y se muestra por primera vez crítico con Byron, aunque éste le inspira El naufragio de Don Juan o La no- via de Abidos . Realiza una serie sobre El rapto de Rebeca , inspirada en el Ivanhoe de Walter Scott, así como diversas variaciones en dibujo, pintura y grabado a partir de un tema shakes- periano: Hamlet y Horacio en el cementerio . La Exposición Universal de París de 1855 en- cumbró a Delacroix, que presentó en sus salas una retrospectiva de treinta y cinco obras. So- bresalía especialmente un cuadro de enormes proporciones, La caza de los leones , en el que retomaba sus investigaciones sobre la pintura de animales. El lienzo se inspira en Rubens: Delacroix quería presentarse a los ojos del mundo como el sucesor del pintor flamenco. A los cincuenta y siete años, Delacroix se in- teresaba por lo inacabado y su capacidad de conservar en el lienzo el frescor del boceto. En esta obra maestra, las líneas arremolinadas y el poderoso color transmiten la violencia del combate entre el hombre y la bestia. Anticipán- dose a la modernidad pictórica, Delacroix ante- pone la fuerza de la expresión a la perfección formal. En sus composiciones de tema histórico, los personajes se funden de manera natural con el paisaje, como, por ejemplo, en el cuadro Ovidio entre los escitas , que se expuso en el Salón de 1859. El poeta exiliado se refugia en un lugar apartado, entre hombres salvajes. La grandiosidad del paisaje y la lejanía de las fi- guras nos sitúan entre dos mundos; como el propio Delacroix, que se acerca al final de su vida. “Es lo acabado en lo infinito. ¡Es un sue- ño!” , escribió Baudelaire, lleno de entusiasmo ante este lienzo. “El rapto de Rebeca”, 1858. Museo del Louvre © 2009. “El naufragio de Don Juan”, 1840. Museo del Louvre © 2009.
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