LLEI D'ART 7
53 como analizar las aportaciones y soluciones arquitec- tónicas que, en ocasiones, los propios artistas realizan en sus obras. Tras su aparente objetividad, las arquitecturas pintadas -ciudades, palacios, construcciones efímeras, ruinas, proyectos- esconden símbolos, recuerdos o formas de propaganda política o religiosa de alcance en ocasio- nes mucho más complejo. Los pintores de arquitectu- ras y ciudades, cuya especialización fue aumentando sobre todo a lo largo de los siglos XVII y XVIII, atendían con su obra la demanda del poder político o religioso y de los intelectuales. Unas veces pintaban edificios fabulosos, inspirados en narraciones de viajeros, an- tiguos o modernos, o en textos de origen religioso o profano; escenarios y arquitecturas cargados de re- sonancias y símbolos sagrados o políticos, converti- dos en signos de lujo o distinción de personalidades, en emblema de ciudades y naciones, o en recuerdo o exaltación de triunfos y viajes. Otras veces pintaban edificios en construcción o contemporáneos de la pintu- ra, introduciendo el propio proceso de edificación en lo representado – máquinas, instrumentos, operarios… – ; pintan también ruinas, identificadas en escenas reli- giosas, como la Natividad o la Adoración de los Reyes Magos , con la destrucción de un pasado pagano sobre el que se levanta la “nueva arquitectu- ra” del Cristianismo o la representación de los órdenes arquitectónicos clásicos como símbolo del nuevo orden del Hu- manismo. Las arquitecturas pintadas se vieron pronto implicadas en la teoría mis- ma de los sistemas de representación, especialmente en la perspectiva, y en la propia teoría arquitectónica. Pintura y ar- quitectura, y sus respectivos lenguajes, inician así sus tensiones y conflictos, con propuestas que van de la pintura a la ar- quitectura y de la arquitectura proyecta- da o construida a la pintura. Pintar arqui- tecturas era una forma de proyectarles y, al revés, proyectarlas y construirlas era una forma de pintar y ornar el mundo, también el mundo representado en la su- perficie bidimensional de un cuadro. El recorrido de la exposición se organiza siguiendo un orden cronológico y temá- tico al mismo tiempo, con una primera parte en las salas del Museo Thyssen- Bornemisza que abarca los siglos XIV al XVII, una época en la que la pintura de arquitecturas y vistas de ciudades se considera un género menor, pero en la que con frecuen- cia se utilizan como fondos de las escenas – religiosas, históricas, mitológicas,… – y van cobrando cada vez ma- yor protagonismo, hasta llegar a su triunfo como género independiente en el siglo XVIII, etapa que centrará la atención del visitante en las salas de la Fundación Caja Madrid, con la obra de los grandes maestros de las ve- dute, paisajes de ruinas, caprichos, etc. Ciudades para vivir o soñar, urbes reales, imagina- rias, sorprendentes o de ensueño, ocupan los fondos de los cuadros que podrán verse en las primeras salas de la exposición. Duccio di Buoninsegna, Francesco d’Antonio o Benedetto Bonfigli, entre otros artistas de los siglos XIV y XV, nos introducirán a través de sus obras en el tema de “La arquitectura como escenario”, con espacios pintados para el desarrollo del género de la pintura religiosa. La temática religiosa protagoniza también el capítulo siguiente, “Perspectiva y espacio”, con un conjunto de otras que muestran la importancia de este recurso, al mismo tiempo pictórico y arquitectó- nico, fundamental en el arte del Renacimiento y en la evolución de la pintura a partir de entonces. Veremos aquí obras de Fra Carnevale, Gentile Bellini o Tintoretto, entre otros. Los dos capítulos siguientes, “La ciudad histórica: memoria y ruinas” y “La ciudad ideal”, intro- “Capricho romano con el Coliseo”, 1746. Bernardo Bellotto. Galleria Nazionale,Soprintendenza per il Patrimonio Storico Artistico Etnoantropologico di Parma e Piacenza, Parma.>
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