LLEI D'ART 7
LLEI D’ART 62 no fotografiaba ni la memoria ni la felicidad, sino lo que constituye su esencia: la fragilidad. Una mirada moderna La mirada de fotógrafo de Lartigue tiene presente la ambigüedad que existe en la realidad: lo infinitamente pequeño puede tener un tamaño mayor que lo grande o lo lento puede ir a tanta velocidad como lo rápido. Su fotografía capta esa esencia y ahí reside la verdad de las imágenes de Lartigue, auténtico mago del instante. Pese a parecer estáticas, sus fotografías hablan siem- pre de la posible continuación del tiempo, de una forma de huir de los límites y de las perspectivas ordinarias. La velocidad A principios del siglo XX, una gran transformación rede- fine completamente la percepción de la realidad: la idea de velocidad. Se reducen las distancias gracias a las revoluciones técnicas en los transportes y el tiempo se relativiza gracias a Einstein. Durante su juventud, Larti- gue intenta captar la realidad física de la velocidad, tra- ducir mediante la imagen la emoción que se siente ante la máquina. Lo llevó a cabo sobre todo en los circuitos de carreras de automóviles, a los que solía llevarlo su padre, que era un gran aficionado. Lartigue consiguió que el espectador viera en sus fotografías lo mismo que él percibía cuando experimentaba la velocidad: un es- pacio comprimido, acortado, a menudo deformado; la transformación violenta del campo de visión. La ligereza Cuando era niño, el sueño más repetido de Lartigue era poder volar. No es de extrañar, pues, que se apasionara ya desde la niñez por la aviación. En 1904 fue testigo con su cámara de los intentos de despegue de Gabriel Voisin en Normandía y captó los primeros metros del aviador por encima del suelo. Con su hermano frecuen- tó desde 1907 los campos de aviación y finalmente, el sueño de su infancia se hizo realidad en 1916 con su bautismo aéreo. Es difícil calcular cuántos saltos y des- pegues hay en la obra de Lartigue. Para él, todas esas cabriolas son la imagen de la vida misma, símbolo de su vitalidad. La belleza femenina En el universo de Lartigue solo hay mujeres jóvenes y hermosas. La búsqueda de la felicidad y de la belleza que lleva a cabo desde su infancia excluye por com- pleto cualquier deformidad o signo de envejecimiento y mantiene a distancia todo lo que pueda enturbiar un día resplandeciente o recordar la fealdad y la muerte. En la primavera de 1910, cuando aún no tenía 16 años, Lar- tigue descubrió la moda y, sobre todo, a las modelos. Durante meses, cámara al hombro, se lanzó a la aveni- da del Bois de Boulogne, cerca de su casa, donde las mujeres distinguidas paseaban a horas concretas para enseñar sus vestidos nuevos. Lo que esperaba retener el joven fotógrafo no era el detalle de los tejidos, sino más bien la aparición de mujeres elegantes. En busca de lo desconocido A principios del siglo XX, todo el mundo sueña con dis- frutar de los nuevos placeres de la velocidad y el depor- te, y con recorrer sin obstáculos los territorios que día Jacques Henri Lartigue. Coco. Hendaia, 1934. Fotografia de J H Lartigue © Ministère de la Culture – France / AAJHL.
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