LLEI D'ART 7

69 Paloma Cabadas Psicoterapeuta y escritora. Autora del programa educativo Evolución Consciente solo de la percepción de la luz, sino de su elaboración a partir de la corteza visual (cerebro) encargada de in- terpretar los registros del color 6 . Así, ante la contempla- ción de una obra donde prima el color, se produce una sensibilización y una elevación momentánea de fusión entre lo visto y lo sentido. A este sentimiento, producto de la receptividad, se añade el componente de que son imágenes centralizadas que resaltan sobre un fondo ( gestalt ) creando una dinámica en el aspecto psicoló- gico, que lleva a una “sanación”, ya que equilibran el desorden y la confusión mediante la construcción de un centro hacia el que se orienta todo” 7 , palabras de Jung que resumen el carácter expresivo y psicológico de mu- chas de sus composiciones. Existe en toda su obra un orden inherente del cual emer- ge la naturaleza, que impregna una realidad percibida en nuestro entorno material. Es el carácter físico de los elementos que la configuran, expresados a partir del componente emocional, los que generan nuestra propia experiencia. Para ello, libera la imagen de los conven- cionalismos que la reducen a lo puramente estático y descriptivo, expresando a cambio el punto vital, el deve- nir causal, del cual emergen las formas trasmisoras de la vida. De este modo, busca encontrar una resonancia anímica y crear un vínculo de unión entre lo percibido y lo anhelado. Su obra, producto de una experiencia di- recta de la realidad, un atisbo de la intuición, nos lleva solo a través del acto contemplativo a la armonía, que conduce a la quietud y al silencio. Teresa Núñez Area Dra. en Historia del Arte. Experta en Arte Contemporáneo BIBLIOGRAFIA: 1 TATARKIEWICZ, W. Historia de la estética I. La estética antigua. Madrid, Akal, 1987. Los pitagóricos (S. V a.C.) fueron los primeros filósofos que estable- cieron las relaciones análogas entre el mundo y el cosmos a través del número. 2 BARROW, J., El universo como obra de arte., Barcelona, Drakantos, 2007. 3 EDELMAN, G. y TONONI, G. El universo de la conciencia. Barcelona, Drakantos, 2005. 4 KANDINSKY, W. De lo espiritual en el arte. Colombia, Ed. Labor, S.L. 1995. 5 BARROW, J., Op. cit., p.181 6 ZEKI, Semir, Ibid, p 103. 7 JUNG, C.,G. Los arquetipos y el inconsciente colectivo. Madrid, Trotta S.A. 2002. El significado del símbolo es universal; Jung parte de que existe en el ser humano una predisposición innata a la formación de representaciones pa- ralelas, como “pautas de comportamiento” que vienen a través del inconsciente colectivo. El símbolo es el lenguaje del inconsciente y estudió el mandala por la figura cuadrado-círculo en la que se basa su composición, considerándolo como “arquetipo de la totalidad”. La ingravidez de la conciencia Cuando la conciencia está presente en cualquiera de sus manifestaciones vitales o artísticas, todo cobra presencia, cuerpo, veracidad. Tal vez, por la contundencia de lo sutil, que lejos de pasar desapercibido otorga un carácter inconfundible a su expresión, siempre difícil de definir y de ca- talogar. La conciencia que muestra su lado más sutil es singular, única e irrepetible. Posee el encanto de la eternidad, la ligereza de la ingravidez y el peso de la sabiduría. Mostrarse en conciencia permanentemente es un arte de la vida lúcida, y plasmar esa conciencia en los hechos, es la expresión de máxima coherencia en la vida terrenal. Javier Medina, en su obra, le sigue el rastro a la conciencia, olfatea su presencia, aprehende su esencia, creando arquitecturas ingrávidas que encuadran instantes de la vida del universo y cartografiando escenas sutiles que transmiten sentimientos, sensaciones, aún más delicados. Navegar por el mundo íntimo de la conciencia, sin perderse, es el gran viaje. Navegar por la obra de Javier Medina, abre portales a ese viaje infinito y eterno que concentra la luz del conocimiento de las cosas al viajero buscador de la verdad. “M 249 Ala 11 dimensión”. Javier Medina.

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