LLEI D'ART 7
reflexiones 76 “Hay dos cosas infinitas: el Uni- verso y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.” Albert Einstein El individuo estúpido al que voy a referirme –y al que he desarrollado una severa intolerancia–, perjudica a otro sin obtener con ello beneficio alguno, o lo que es aún peor, autolesionándose en múltiples sentidos. Sin em- bargo debo avisarles de que este ser estúpido no for- zosamente carece de una rudimentaria forma de inteli- gencia; es solo que su habitual proceder carece de toda consistencia, escapando a cualquier forma conocida de raciocinio, y se dilata a lo largo del tiempo y el espacio sin control alguno, porque una de las más típicas parti- cularidades del arquetipo del ser estúpido radica en que no sabe que lo es, por lo que frecuentemente su reac- ción es imprevisible, a diferencia de lo que sucede con el individuo inteligente. Aún así, es preciso remarcar que no hay que confundir estupidez con vileza, siendo la primera más afín con la majadería, al tiempo que la segunda se emparenta con la maldad y la depravación. Precisamente en este punto radica su alto grado de peligrosidad comunitaria, debido, entre otros muchos factores, a la tremenda dificultad que entraña –para el resto de la sociedad– un eficiente control de la plaga. Pero vamos a ceñirnos al contexto artístico, hincando el dedo en una de las más ilustrativas expresiones de la estupidez humana –esencia misma del fracaso–, el per- nicioso autoencumbramiento del falso artista o artista postizo. Ante tal dosis letal de idiotez extrema –fanáti- camente alentada por un mercado que aviva sombras y espanta realidades–, nuestro personajillo se alimenta del desconcierto y la ignorancia general, fomentados Intolerancia a la estupidez Capricho nº 37. “Si sabra más el dísci- pulo”. Francisco de Goya. Estampas de asnerías.
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