LLEI D'ART 7
Alberto Portera Sánchez 78 El proceso de creación artística está siempre envuelto por una prodigiosa, inagotable e indomable libertad que ocupa cada una de las fases en las que se esboza la idea artística, persiste durante el emocionante desarro- llo de la obra y se intensifica tras la terminación. Es en este momento cuando se transmite y domina la men- te de quien escucha un concierto, interpreta un poema o contempla un dibujo. Esta libertad, inherente a todo proceso de creación, otorga a la obra una inigualable fortaleza que permanentemente garantiza su condición de “ser arte”. El difícil proceso de tomar decisiones ya se inicia en el momento de la percepción de los estímulos. Tras su interpretación, se procede a seleccionar el tipo de res- puesta adecuada. Todos los elementos que, en cada instante, contribuyen a la ejecución de la opción elegida están constantemente actuando: Identificación del nú- mero y categoría de las opciones; Selección de las que se consideran como más adecuadas según experien- cias propias o ajenas; Organización de los elementos que intervienen en su expresión; Mantenimiento, modi- ficación o interrupción de las decisiones tomadas si el sujeto así lo considera; Análisis de las consecuencias positivas o negativas; Disfrutar la recompensa si la de- cisión fue acertada o aceptar las responsabilidades si fue errónea. Finalizada esta dinámica y compleja secuencia: ins- tantánea en unas ocasiones o elaborada tras intensa y prolongada reflexión en otras, el sujeto está dispues- to a seguir avanzando en los laberintos que, en cada instante, le plantean las determinadas características del comportamiento, carácter o personalidad de cada individuo. El artista desprendiéndose de los limitantes condicionamientos sociales, culturales o comerciales, intuitivamente, obedeciendo a un impulso creador inde- pendiente, penetra, sin normas, señales o caminos en su íntimo ámbito emocional, extra-real, en el que reside su creación. Tras ese extraño salto desde lo externo y visual a lo subjetivo o mental, incluye sus sentimientos en sus obras, poseyéndolas o siendo poseído por ellas. Por haber sido creados en total libertad, sus lienzos o pentagramas sirven un soberbio menú estético para ser degustado por admiradores sensibles. Los colores, arrojados sobre el papel o el lienzo forman desordena- das imágenes que, tras adueñarse del blanco espacio enmarcado, transforman al artista en el privilegiado pri- mer espectador e intérprete de los ritmos musicales o Alberto Portera Sán- chez es profesor emé- rito de Neurología de la Universidad Complu- tense de Madrid y un gran experto en pintura y en historia del arte. pictóricos que emergen de los instrumentos o lienzos: cuerpos, cabezas, crucifixiones, retratos imaginarios… La soledad fue siempre el ambiente en el que creaba dialogando con su cultura, sus recuerdos y contra- dicciones. Su arte nacía desde todo lo representable, incluido lo puramente mental e inexistente, y puso en marcha una actividad emocional sin postulados que, a diferencia de la razón, no necesitaba articular conclu- siones universalmente convincentes. Creó su lenguaje estético a partir del mundo no mate- rial que se generaba en su mente de creador: su propio mundo personal. Desplazó los elementos que constitu- yen la realidad, integrándolos en un nuevo orden esté- tico expuesto ante cada ser humano, para su deleite. Así, cada una de sus obras ha iniciado una intensa e inalcanzable evolución artística. En todas, la luz, el mo- vimiento, el espacio o el tiempo se miden y perciben como unidades distintas a las físicas. Son dimensiones pasionales totalmente personales e, incluso, difícilmente transferibles. Los espectadores sensibles las hacen re- nacer en un mágico instante como un asombroso orden mental con sorprendentes significados estéticos. Para que la obra de arte produzca atracción, indiferencia o rechazo, es necesario que el observador se enfrente a ella con una libertad comparable a la que existía en la mente y la mano del artista durante su realización. Sus obras, condenadas a seguir siendo vivos testigos de múltiples y emocionantes análisis, quedan obligadas a desglosarse ante las mil futuras miradas o audiciones que añadirán enigmáticos momentos durante su estre- mecedor viaje hacia el futuro del Arte. El cerebro y la mente creadora
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