LLEI D'ART 7

81 acrílico, óleo, temple o fresco. Pero bien podemos en- contrar dibujos hechos con óleo muy disuelto tratado como si fuese una tinta, o bien pinturas confeccionadas a base de una mezcla de pigmentos o carbón con algún aglutinante o cola. Muchas de las pinturas de Giacomet- ti se podrían considerar también dibujos, al igual que el dripping de Pollock podría entenderse como dibujo bajo el concepto del trazado de líneas sinuosas, curvas y espirales. El tipo de soporte bien podría ser una referencia sólida que nos ayudara a distinguir entre qué es dibujo y qué pintura, pues consideraríamos como dibujo todo aquello que al margen de la técnica y su temporalidad, fuera ejecutado sobre papel, cartones o derivados, mientras que la pintura implicaría toda aquella expresión artísti- ca realizada sobre tela, lienzo o madera ¿pero es que acaso en la actualidad no se puede pintar sobre papel sin que sea éste un dibujo propiamente? Sea cual sea la concreción que limita la diferencia entre pintura y di- bujo, existe una gran realidad que los hermana: no se puede pintar prescindiendo del concepto de dibujo y su respectivo control conceptual y técnico, pero sí se pue- de aprender a dibujar, pintando. Lo que sí es seguro, es que variaría su cotización, ya que al margen del motivo representado, tristemente, no le damos el mismo valor a una pintura que a un dibujo. En la historia del arte es habitual considerar superior una pintura a un dibu- jo. En la antigüedad, sin embargo, los académicos eran perfectamente conscientes de que la práctica del dibujo era fundamental para la pintura. Actualmente, parece ser que esta idea tan básica se cuestiona. Los artistas ya solo pintan, porque mayoritariamente es lo que se vende; dedican poca atención al dibujo y también a la educación referida al dibujo. Contemplo la poca importancia que se le otorga por parte de los actuales planes docentes que rigen la mayoría de fa- cultades de bellas artes y demás centros de enseñanza oficial y reglada a nivel europeo, así como el escaso interés y esfuerzo que los propios alumnos invierten por aprender unos conocimientos mínimos que hoy en día parecen ser inalcanzables, producto de la poca dedi- cación temporal que se destina a la materia. Aprender a dibujar es una práctica que requiere de mucha disci- plina y tiempo por parte del alumno-artista, conceptos todos ellos en desuso en esta sociedad, excesivamente dinámica y consumista. Tanta demanda y consumo low cost frenan las posibilidades del artista y le condicionan en su desarrollo. Pensamientos íntimos y poco objeti- vos me hacen creer que a veces sería mejor que el pin- tor permaneciera aislado de todo y saliera a la luz con todo el trabajo hecho. Sin embargo, un artista no puede vivir al margen de la sociedad. El artista es aquella per- sona capaz de expresarse con un medio que controla y conoce bien, para comunicar aquel discurso o idea que quiere transmitir. En este proceso, necesita del entorno y en su producción, el dibujo es a la pintura lo mismo que la anatomía a la cirugía. Quiero insistir en la idea de que se hace difícil encon- trar hoy en día en España, un tipo de enseñanza que profundice suficientemente en el dibujo como base del aprendizaje artístico. La falta de educación en esta ma- teria, su descuido y abandono cara a la educación artís- tica de las generaciones venideras de artistas, afecta a la futura calidad del arte realista figurativo, un arte que sin oficio difícilmente podrá sobrevivir ¿Vamos a poder inventarnos alguna excusa o motivo para seguir ven- diendo calidad en la figuración artística? “Retrato de Adriana” (fragmento). Carbón y creta blanca s/papel. J. D. Alamà. Jordi Díaz Alamà Artista Departamento de Dibujo Facultad de Bellas Artes Universidad de Barcelona.

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