LLEI D'ART 9

29 «Lo femenino, para mí, representa muy bien el futuro. Creo que lo masculino sólo es un accidente, bello, pero accidente al fin y al cabo. También la memoria es femenina». Su gusto por el retrato le llevó a trabajarlo sobre mate- riales más clásicos y de forma más tradicional. Empleó alabastro, bronce o madera, dejando a veces zonas sin pulir. Algunas de esas cabezas, gracias a esa cier- ta traslucidez del alabastro, dejan pasar una delicada luz a su través. «Ahora las acabo más, antes dejaba rotos, pedazos de material sin tocar» , nos dice compla- cido. «Yo he nacido a mitad de un siglo, como Blake, Gauguin o Van Gogh, que también fueron puente entre dos siglos. Ninguno de ellos forma parte de ningún mo- vimiento o escuela, todos nadaron a contracorriente» . Está convencido de que una de las cosas más difíciles para un artista es sobrevivir al gusto de su época. «Yo no juzgo, no tengo tiempo» «La época actual es confusa. Vanguardia y oficialidad son lo mismo, y eso no tiene sentido» . Y se explica: «Soy anárquico, caótico, individual, tengo los ojos en los dedos, necesito verificar, tocar, acariciar las cosas. Vivo una paz en lucha que no necesito compartir. No busco gritar más que otro. No me interesa gritar. No compito. No entiendo las competiciones entre artistas; cuando era joven, me costaba entenderme porque el arte es un camino personal y es un milagro que otros puedan entenderte. Yo no pienso en ellos, pero cada vez hay gente más fiel que te entiende y es muy agrada- ble. Sin embargo eso no te ayuda en nada cuando al día siguiente vuelves a abrir la puerta de tu taller» . Parafra- sea a Brancusi, concretamente una cita que le parece extraordinaria y en la que decía que el arte era un esta- do de hacer y que cuando lograbas estar en tal estado podías llegar a crear como un Dios, mandar como un rey y trabajar como un esclavo. «Es algo simple pero, al igual que un iceberg, entraña gran profundidad. ¿Cómo sabes que estás en estado de hacer? Vas aprendiendo. Yo prefiero no hacer si sé que no estoy, como también prefiero dejar de hacer un dibujo o escultura que dejar de hacer un viaje. Soy muy nómada pero soy escultor de materiales clásicos y necesito un lugar de trabajo que me obstaculiza el movimiento. Me encanta cuando me voy, pero también me encanta cuando vuelvo». Considera que una obra se debe comprar si te gusta porque el arte es inexplicable e injustificable. «Quere- mos saber demasiado sobre el arte, pero siempre se nos escapa de las manos como si fuese un pez» . Busca que visualmente sus esculturas muestren ligereza por- que ese es precisamente el mensaje: la relación entre alma y cuerpo. Cita al poeta José Ángel Valente del que se confiesa admirador: «¿En qué lugar de mi cuerpo te encuentras alma, que te necesité y no me socorrías?» «Él –dice– entiende como yo el cuerpo como un espa- cio pero ¿y el alma?...¡y no soy religioso! Me refiero al alma como ente. Me niego a pensar que sólo soy mús- culos y líquidos»,… «Siempre he creído que dentro de mi cuerpo, con limitaciones en cuanto a medidas, mi alma sigue creciendo,… y cada vez tengo más recuer- dos, ¿dónde me caben?» . Fascinado por la alquimia, sus icónicas esculturas se- dentes abrazando árboles son una alegoría de la vida. Disfruta viendo cómo esos árboles siguen creciendo en su propio jardín. Hace muy poco instaló una de esas figuras en la Bienal de Shanghái «la abrazaron a una palmera, sobre un montículo muy alto» –nos comenta, y sonríe al recordarlo–. «Es una locura, pero, como de- cía Octavio Paz, la evolución de las ideas se debe a Foto: A. Serés.

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