LLEI D'ART 9

37 fama gracias a sus creaciones, deseadas por la aristo- cracia europea y la élite americana. Entre sus clientes se encontraban la Princesa Matilde, prima del Empe- rador Napoleón III, la Reina Alejandra de Inglaterra, la Princesa rusa Olga Paley y Elisabeth, reina de Bélgica. Fue precisamente otro miembro de la realeza, el Rey Jorge VI, quien encargó a Cartier numerosas tiaras para los invitados de su coronación en 1937. Años antes, su abuelo Eduardo VII, quien había acuñado en honor de Cartier la conocida frase: «Rey de los joyeros, joyero de los reyes» le honró con el primer título de proveedor de la Casa Real de Inglaterra. Muy pronto, este título fue seguido del reconocimiento de las Cortes de España, Portugal, Rusia, Bélgica, Grecia, Italia y el Principado de Mónaco, entre otras. Dividida en dos secciones, la primera sala de la expo- sición presenta joyas variadas de la segunda mitad del siglo XIX con guarnición de plata y oro según la téc- nica tradicional; es el denominado estilo Luis XVI o Guirnalda que alcanza su punto culminante en 1890 y perdura hasta la Primera Guerra Mundial, y que Cartier revolucionó completamente con la introducción de un metal nuevo en el mundo de la joyería: el platino. Su maleabilidad, blancura y resistencia permitía aligerar las monturas para crear verdaderos encajes y guirnal- das de diamantes, llegando a su máximo refinamiento con el desarrollo de la técnica conocida como engaste millegrain a finales del siglo XIX. La segunda sección muestra una completa selección de tiaras. Convertida en símbolo exclusivo de la realeza, la diadema o tia- ra evolucionó a lo largo de los siglos hacia piezas de orfebrería llevadas como insignias de soberanía o alto rango. Las grandes diademas de Cartier datan de prin- cipios del siglo XX y, en su mayoría, son de platino; son encargos tanto de la realeza como de las grandes for- tunas de uno y otro lado del Atlántico que rivalizaban en esplendor con la nobleza de las cortes europeas. La evolución de la diadema sigue las distintas modas e in- fluencias, desde el estilo Guirnalda a las tiaras Kokosh- nik (en ruso «cresta de gallo»), inspiradas en un tocado tradicional, o la diadema bandeau , más acorde con la moda femenina del periodo de entreguerras. Estilo moderno y Art Decó A principios del siglo XX Louis Cartier abre dos nue- vas delegaciones en Londres y Nueva York, e incita a sus diseñadores a dar un nuevo enfoque estético que rompa con el estilo Guirnalda . Desde 1904 surgen nue- vos diseños basados en líneas geométricas y formas abstractas, inicialmente aplicados a creaciones de pe- queño tamaño, como los broches, pero que pronto se adaptarán a todo tipo de piezas. En 1909 Cartier que- da fascinado por la explosión de colores de los Ballets Rusos de Diághilev, que triunfan en el teatro Châtelet de París; como consecuencia, aparecen las primeras combinaciones de piedras de diferentes colores en di- seños atrevidos: azul y verde de turquesas, lapislázulis y jades, o de zafiros y esmeraldas, el rojo y negro del coral y el ónix… Buen ejemplo de ello es el diseño «piel de pantera», a base de ónix y diamantes, que surge en 1914 y acabará convirtiéndose en uno de los ico- nos de la Casa. En esos años se desarrollan también nuevas formas de tallado —brillante, bala, trapezoidal, cuadrada o triangular —que se suman a la talla baguet- te , creada anteriormente pero cuya forma rectangular y sencilla encajaba visualmente a la perfección con las líneas geométricas del Art Decó. Influencias orientales A comienzos del siglo XX los hermanos Cartier sintieron la necesidad de viajar alrededor del mundo en busca de nuevas inspiraciones exóticas. Recorrieron el golfo Pérsico hasta encontrar las más hermosas perlas de Oriente, viajaron hasta la India convenciendo a muchos Maharajás de que permitieran montar con diseños Car- tier sus tesoros multicolores, y atravesaron Rusia, don- de el virtuosismo de Carl Peter Fabergé retó a Cartier a crear piezas con los preciados trabajos de esmalte, consiguiendo rivalizar en belleza y elegancia con los del maestro. Otros destinos que inspiraron los nuevos dise- ños de la Casa fueron Egipto, China y el lejano Oriente. Esta pasión por las culturas exóticas les llevó a reunir también una rica biblioteca, que se convertiría en fuente inagotable de inspiración, y a coleccionar fragmentos de arte antiguo procedentes de esos países y que in- corporaban a las propias piezas. El resultado fue una insólita interpretación del estilo Art Decó de los años Diadema Rinceaux. Cartier París, 1910. Nick Welsh, Cartier Collection © Cartier. Vendida a Isabel, Reina de los belgas (1876-1965). Platino. Un diamante de talla cojín, diamantes de talla redonda antigua. Engaste millegrain. Altura en la parte central: 5,5 cm.

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