LLEI D'ART 9

LLEI D’ART 38 veinte, con influencias egipcias, persas, hindúes, chinas o japonesas, que fusionaba el pasado con el gusto con- temporáneo; una mezcla fascinante que convirtió las joyas Cartier en piezas únicas, irrepetibles. Surgen así los broches Escarabajo o Diosa , las joyas con piedras talladas con técnicas tradicionales de la India, como las conocidas como Tutti Frutti , relojes, vanity cases y piti- lleras con motivos orientales (budas, dragones, etc.) y los más diversos objetos decorativos. El poder del estilo. Clientes emblemáticos Después de la Primera Guerra Mundial aparece una nueva élite rica, culta, abierta y atrevida formada por las más importantes familias aristocráticas europeas y las grandes fortunas americanas; muchos de ellos se con- virtieron en clientes habituales de Cartier: la Duquesa de Windsor, Daisy Fellowes, Mona Bismarck, Millicen Rogers, Gloria Guiness,… En los años cincuenta otros clientes carismáticos realizan sus encargos especiales a Cartier, entre ellos, algunas de las actrices más des- tacadas de la época, como Grace Kelly, Elisabeth Taylor o María Félix. Algunas de estas piezas extraordinarias podrán verse en la sala, ilustradas además con proyec- ciones en los que las protagonistas aparecen luciendo esas mismas joyas. Tiempo precioso, objetos preciosos El diseño y creación de relojes ha estado presente en la casa Cartier desde sus inicios; relojes de bolsillo pri- mero y muy pronto también de pulsera, que aparecen ya en los libros de contabilidad en 1888 aunque su uso generalizado no llegaría hasta la década de 1910. Una importante efeméride en la historia de Cartier fue la creación de uno de los primeros relojes de pulsera en 1904, expresamente diseñado para el aviador brasile- ño Alberto Santos-Dumont. A este modelo le seguirían otros muchos, dotados con el famoso cierre desplega- ble patentado en 1909; los diseños Tonel, Tortuga o el popular reloj Tanque , creado en 1917 como tributo a los tripulantes de los carros de combate aliados de la Pri- mera Guerra Mundial que liberaron la ciudad de París. Los modelos femeninos, realizados principalmente en platino y diamantes, fueron evolucionando hasta con- vertirse en la década de 1930 en auténticas joyas, con la esfera más estrecha que la pulsera. Paralelamente surge también un nuevo tipo de reloj de sobremesa, inspirado con frecuencia en motivos orientales, repro- duciendo formas arquitectónicas egipcias o japonesas. El estilo de vida mundano y de lujo exigía con frecuen- cia que las piezas de joyería fueran preciosas no sólo por el metal o las piedras utilizadas sino por haber sido concebidas especialmente para la persona que lo iba a llevar. En los años veinte y treinta se puso de moda grabar en ellas un mensaje personal dedicado al des- tinatario. Igualmente, la celebración de determinados acontecimientos en el mundo de las artes, las letras, la política o el deporte, dio lugar a encargos especiales y a la creación de objetos excepcionales, como la espa- da del académico Jean Cocteau o la réplica del módulo lunar Apolo 11. Fauna y flora Jeanne Toussaint se puso al frente del departamento de Alta Joyería Cartier en París en 1933; su estilo fue tan paradigmático que creó un nuevo gusto conocido como gôut Toussaint . Las creaciones de la alta costura de di- señadores como Schiaparelli, Dior, Chanel o Balencia- ga le proporcionaron una fuente contante de inspiración para la creación de nuevas joyas. Con ella surge una nueva sensibilidad, completamen- te distinta de la estilización geométrica propia del Art Decó, basada en la inspiración en la naturaleza, en la flora y la fauna, que dio lugar a todo un mundo fantásti- co e imaginativo: motivos en forma de pájaros, mariqui- tas, mariposas, tortugas, libélulas, flores exóticas, pal- meras,… Fueron famosas, por ejemplo, sus magníficas creaciones felinas, de gran realismo y maestría técnica, utilizando en ocasiones piezas articuladas que daban una sensación de movimiento inigualables: los broches Pantera de la Duquesa de Windsor y Tigre de Barbara Hutton, o el magnífico collar de María Félix formado por dos cocodrilos engastados con diamantes y esmeral- das, que podía llevarse como broches o como collar, cruzando sus extremos, son buen ejemplo de ello; to- das ellas creaciones únicas en la historia de la joyería. Collar draperie. Cartier París, pedido especial 1947. Nick Welsh, Cartier Collection © Cartier. Oro trenzado de 18 kt. y 20 kt., platino. Diamantes de tallas brillante y baguette. Una amatista facetada en forma de corazón, 27 amatistas de talla esmeralda y una amatista oval facetada. 20,0 x 19,5 cm. Cabujones de turquesa.

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