LLEI D'ART 9
64 a la palestra Distanciándose de cualquier lectura que pudiera te- ner que ver con una simple representación del paisaje marino, la obra de este joven artista, nacido en la isla de Chiloé (Chile), en 1979, pero afincado en Paris, es poderosa y simbólica. Abstraído en una suerte de con- templación romántica del mar, inhóspito e ignoto, habi- tado sólo por los vientos, busca representar espacios eternos y universales, relegando la presencia humana a un papel secundario, a modo de humilde contemplador desde su frágil esencia. Desnuda conceptos metafóri- cos profundos y sublimes como la soledad, lo implaca- ble de las fuerzas de la naturaleza y la inexorabilidad de su dinámica. Cómodo con los grandes formatos, sus lienzos provo- can una turbación atractiva y misteriosa. Tiene obras en varios museos internacionales y colecciones privadas. Ya su infancia, poderosamente influenciada por el tra- bajo de su padre, navegante por el archipiélago de Chi- loé, bebió las esencias del mar austral, algo que el artis- ta refleja en sus lienzos, creados desde la melancolía. Creció en Punta Arenas, un puerto situado en el extre- mo sur de Chile, capital de la Región de Magallanes y Franco Salas-Borquez Antártica Chilena, en la ribera continental del Estrecho de Magallanes. Perteneciente a una familia con una im- portante trayectoria dentro del mundo de la navegación, el pintor vive en constante hechizo con el mar, su enig- mático simbolismo y su soledad, intemporal, universal y evocadora. Metáfora del espíritu indómito y rebelde, musa de poe- tas, inspiradora de artistas de todos los tiempos, la mar cautiva al espectador imponiéndose indefectiblemente ante la frágil y quebradiza existencia del ser humano, aplacando su arrogancia y llamando a la modestia. La magistral fuerza de los elementos, agua y viento, se conjugan en iracunda sinfonía que el artista atrapa ape- nas en una instantánea perfectamente robada a la gran- diosidad de una escena que se repite desde el inicio de los tiempos. Franco ha trabajado para compañías marítimas, haciendo miles de kilómetros a lo largo de las costas chilenas de la Patagonia, pintando durante trayectos de más de doce meses de duración, lo que le ha permitido poder publicar recopilaciones de algunas de sus cartas de viajes. L. Noriega
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