LLEI D'ART 9
73 mandatos de tortura y muerte, de martirios. La repre- sentación del horror tenía que esperar a la influencia del Alto Renacimiento. La pintura adquirió un papel priorita- rio dentro de las manifestaciones artísticas, y llegó a ser la expresión más característica del peso de la religión en los países católicos, y del gusto burgués en los países protestantes. Ya con el Barroco establecido son varios los maestros que expresan las atrocidades que llevan al sentimiento del horror. Con esa búsqueda constante del momento crucial, algunos, pocos, sintieron la necesidad de representar la vileza y espantosidad de escenas ho- rrendas como en «Los horrores de la guerra» (1637) de Rubens o «La masacre de los inocentes» (1628) de Nicolas Poussin. El concepto de belleza del siglo XVII no favoreció este género. Los burgueses por un lado y la iglesia por otro no se sintieron atraídos por recordar las atroces desgracias de la época. Tampoco en la siguiente centuria y hasta la Revolución Francesa sucedió y, por ello, nuestro tema debe cen- trarse en los albores del siglo XIX con el máximo repre- sentante del arte que nos acerca a las gentes sufridoras del horror. El maestro Francisco de Goya y Cifuentes (Fuendetodos, España, 1746- Burdeos, Francia, 1828) con su particular estilo, inauguró el Romanticismo y supo aportar a la humanidad sus estudios del pensa- Detalle de «Jinete sin cabeza persiguiendo a Ichabod Crane». Oleo sobre lienzo, 68,2 cm x 86 cm., John Quidor (Condado de Gloucester, Nueva Jersey, Estados Unidos, 1801-1881), Smithsonian American Art Museum. «El tres de mayo de 1808 en Madrid o Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío o Los fusilamientos del 3 de mayo». Francisco de Goya, 1813- 1814. Óleo sobre lienzo, 268 cm × 347 cm. Museo del Prado, Madrid, España.
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