LLEI D'ART 9

reflexiones 76 «Es propio de los necios ver los vicios ajenos y olvidar los propios.» Cicerón Homo nescĭus ¡Qué desatino el de tantos aquellos que habiendo sido paridos entre cumbres, apenas alcanzan a vislumbrar si llevan o no zapatos! Y algunos de ellos, para mayor descabello, hasta ejercen de parlanchines, empeñados en demostrar su figurado talento a cuantos ilusos se les acercan, aunque tan sólo sea por puro infortunio. Y es ahora –especialmente si a esta sopa le añadimos una pizca de admiración, un talego de obstinación y un membrillo– cuando comienza a engarzarse, por arte de birlibirloque, una cadena de sinsustanciales obstinados que se erigen reyezuelos del mayor de los despropó- sitos, tropezando una y otra vez con la misma piedra, perdiendo el tiempo en absurdas e infértiles trifulcas, por no hablar ya de las conversaciones, siempre tan ultrajantes como autodenigrantes, y por supuesto con- ducentes a un paulatino envilecimiento malgastador de oportunidades. Y sí a alguien pudiera parecer despiada- do por mi parte un preámbulo tan acerbo, les aseguro que la intención es noble; satisfago mi obligación moral de ayudar al que no ve, y no anclándolo a mi mano a perpetuidad, sino ofreciéndole al menos un bastón en el que apoyarse (que mucho me temo, a tenor de mi ex- periencia, que acabe siendo usado para hacer tropezar al prójimo). Cabe decir que aunque el colectivo del arte no ostenta la exclusiva de tamaño desperfecto, sí es un habitual parroquiano de este abyecto cubil donde reina el culto a la mentecatería. Y sé que para combatirlo, es mejor ignorarlo, porque el necio, a diferencia del que no lo es, nunca cambia, y es aconsejable evitarlo en la medida de lo posible. Pero aún así, creo que no debo permitir- me el lujo de no mirar atrás de vez en cuando para no perder de vista la realidad mordiente que devora nues- tros cimientos culturales. El pensamiento mediocre es incoloro y carece de talento. Y para más inri , tanto es- fuerzo devastador apenas deja tiempo para el trabajo y la reflexión, y de semejante vacío no se obtiene nada. Foto Jose Ignacio Soto.

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