LLEI D'ART 9

Pero también están las víctimas de los eruditos de la va- cuidad, porque allí donde se revuelca un necio en esta- do activo, prolifera lo anodino y lo estéril. Es realmente desolador desenmascarar a un necio tras haberle abier- to puertas a opciones que nunca disfrutará a resultas de su rigidez mental, porque he de reconocer que la estulticia es engañosa y suele vestirse de ingenuidad o inocencia, cuando no es más que una pose aprendida por su petrificado y arcaico sistema de engranajes men- tales, que no hace sino convertir en campo yermo todo empeño o propósito constructivo honesto. La ignorancia es un inconveniente remedable o incluso accidental, pero cuando va embadurnada de soberbia o vanidad, persiste y es difícilmente gobernable. Algunos, como digo, intentan cuatro escaramuzas que les per- mitan sacar partido de su fingido talento incomprendi- do, desahogando una inconfesa y virulenta envidia por cualquiera que apunte virtudes y goce de la admiración de terceros, medrando entre la hojarasca a modo de merodeador nocturno, fingiendo devoción por aquellos a quienes aún no acierta a desmerecer, conspirando y desapareciendo paulatinamente del campo de visión de todo juicioso, del que siempre, por definición, desconfía, y al que agrede a discreción. ¡Cuánto conforta saber que su babosa mordida siquiera hace mella en la robus- ta certidumbre del talento y el genio! Por eso, una vez más, y para no perder la ironía que tan buenos momen- tos me hace pasar, evoco al mordaz Samaniego, con una de sus ocurrentes fábulas, «La serpiente y la lima» : En casa de un cerrajero entró la serpiente un día, y la insensata mordía en una lima de acero. Díjole la lima: «El mal, necia, será para ti; ¿Cómo has de hacer mella en mí que hago polvos el metal?» Quien pretende sin razón al más fuerte derribar, no consigue sino dar coces contra el aguijón. A. Fénix Foto: Bluedesign

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