LLEI D'ART 9
79 propios miamenses confiesan, el arte no es más que una actividad lúdica para cuatro snobs con aspiracio- nes y dinero que gastar (durante años, los bancos de la avenida Brickell no han tenido inconveniente alguno en aceptar cuentas de clientes no residentes, por muy dudoso que fuera su origen). Desde luego gente había, aunque sólo fuera por no perderse un acto de tamaño vaudeville , y no precisa- mente estaban guardando cola para optar a la compra de algún que otro retruécano o simulacro ocurrencial de difícil deglución y aún más penosa digestión. Donde se concentraba la expectación –sin tener en cuenta el lounge– era en torno a Másters colados por las galerías a modo de comodín y disponibles al mejor postor cuyo más probable destino es la cámara de seguridad de un banco a la espera de que el mercado siga posicionán- dolos. Pero Miami durante esa tan anunciada semana resul- tó ser mucho más que Art Basel –sin restarle a ésta el mérito de su inteligente estrategia retroalimentadora de ferias satélite que vienen a encumbrar aún más su indiscutible aunque cuestionable liderazgo–. Un nutrido acopio de exposiciones aspirantes integraba el cortejo de la abeja reina, colonizando los distritos de Wynwood, Midtown o incluso Downtown, que también reaccionó a la movida abriéndose un hueco en el epicentro financie- ro de la ciudad con una debutante Miami River Art Fair. Y mientras que algunos trataban de vender mediante argucias, aunque sólo fuera al profano reportero, orga- nizando algún que otro tinglado más propio de una pan- tomima teatral que de un espacio galerístico serio, otros, y no pocos créanme, vendían buen arte, a veces incluso sin venderse. Muchos de ellos –para mi satisfacción–, entraban dentro de ese colectivo que recientemente la coleccionista venezolana Patricia Phelps definía con acierto como preemergente. Eso sí, solía tratarse de creaciones que no precisaban manual de descodifica- ción alguno para ser degustadas. La veterana Art Miami volvió a llevarse el voto del público. Allí –decían– era fácil ver belleza. Y al alcance de muchos, especialmen- te de aquellos dispuestos a adquirir un cuadro antes de conocer siquiera el nombre de su autor, movidos por puro placer, sin traductores, sin voz en off, sin más ar- gumentos. Pero para constatarlo, y parafraseando a mi buen amigo Tomás Paredes, hay que estar allí. Pues bien, luciendo algunas de sus mejores propues- tas, LLEI D’ART estuvo en Miami, promocionando su Stand de Llei d’Art en MRAF (Miami). Foto: A, Serés.
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