LLEI D'ART 9
95 Aunque el complejo museístico engloba seis edificios, de entre todos ellos es el Palacio de Invierno, residencia oficial de los zares rusos entre 1732 y 1917, la sede de mayor relevancia. Bordeando el río Nevá, en cuyas géli- das aguas se ahogó el controvertido Rasputín en 1916, tras el brutal ataque al que fue sometido en febrero de 1917, se erigió como todo un icono representativo de la revolución rusa. Era el fiel reflejo de la grandeza de la Rusia Imperial y su edificación tuvo su inicio en 1754, por orden de la Emperatriz Isabel. En 1762, cuando la emperatriz Catalina II de Rusia, conocida como Catali- na la Grande, accedió al poder, decidió establecer en él su residencia, decorando el palacio con una ingente cantidad de obras de arte, libros, objetos de decoración y antigüedades procedentes de Europa Occidental que se dedicó a adquirir en una frenética actividad coleccio- nista que conformó, en suma, la mayor colección que posteriormente atesoraría la institución. Junto a él, tres años más tarde, Catalina II mandó cons- truir un pequeño palacio al que llamó Pequeño Hermi- tage y uno de cuyos hermosos atributos eran sus jar- dines colgantes. Pronto el palacio volvió a llenarse de objetos, así que Catalina ordenó la construcción de un tercer edificio, conocido posteriormente como el Viejo Hermitage, levantado entre los años 1771 y 1787 y co- nectado al resto de edificaciones museísticas mediante un arco que cruza el canal de invierno del río Nevá. El Teatro del Hermitage –al otro extremo del arco–, se in- corporó al complejo tras ser ordenada su edificación por la emperatriz en 1783. Su nieto, Alejandro I, contribuyó a la ampliación de la ya entonces espléndida colección durante su reinado y, a su muerte, su hermano Nicolás I convirtió en 1852 el Hermitage en un Museo Imperial, permitiendo el acceso al público, si bien restringiendo su disfrute a los estratos socioeconómicos más favore- cidos de la sociedad. El cuarto de los edificios, y el de más reciente creación, el conocido como Nuevo Hermi- tage, fue levantado en 1842 con la expresa intención de contener arte; a través de este edificio es como se acce- de actualmente al museo, atravesando un impresionan- te pórtico sobre atlantes. El Palacio Menshikov –proba- blemente el más lujoso de la ciudad–, fue residencia del gobernador de San Petersburgo y data de 1710. Junto con el Edificio del Estado Mayor (construido entre 1820 y 1827), completa el conjunto museístico del Hermitage. Tras la revolución de 1917, el museo vio considerable- mente ampliado su inventario gracias a la nacionaliza- ción de gran cantidad de bienes procedentes de pala- cios de aristócratas rusos. Su colección era por aquel entonces tan grande y variada, que pasó a convertirse en un museo de arte y cultura universal. Aunque el museo vivió en 1941 una de las mayores evacuaciones de obras de arte de la historia realizadas por miles de voluntarios que pretendían salvaguardar sus tesoros artísticos del asedio nazi, tras el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el museo vivió un proceso de restauración que duró varios años y al fi- nal del cual reabrió sus puertas al público, mostrando las obras evacuadas, que volvieron a ser colocadas si- guiendo su ubicación original. La colección actual del museo agrupa más de tres millones de piezas de arte desde la Edad de Piedra hasta el siglo XX. El Palacio de Invierno desde la plaza del Palacio. The State Hermitage Museum, St. Petersburg. © The State Hermitage Museum. Foto Pavel Demidov. *Imagen página 93: Galería de Raffaello. The State Hermitage Museum, St. Petersburg. © The State Hermitage Museum. Foto Pavel Demidov. *Imagen página 94:Escalera del Jordán. Conocida así por ser la utilizada por el zar el día de la epifanía con objeto de bendecir las aguas del río Neva. The State Hermitage Museum, St. Petersburg. © The State Hermitage Museum. Foto Pavel Demidov.
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